Capítulo II: Marianis Salazar persigue la élite del ciclismo de pista

 

Marianis Salazar posa para un retrato en Barranquilla. (Foto / David Moran)


El carácter competitivo de la ciclista. El entrenador italiano que la señala como el mejor talento de Suramérica. 


Por Nilson Romo Mendoza

@nilsonromom

En el 2020 las mejores expectativas se elevaron con el posible debut en un mundial juvenil, pero la suspensión de todos los eventos por el coronavirus hizo el pare obligado y deportivo; más paciencia para la familia y la ciclista que sacó una fuerza interior para las pruebas de velocidad en el Panamericano Junior de 2019.

El italiano Cristiano Valoppi, entrenador nacional que la dirigió en el velódromo de Jalisco, México, se deshace en elogios desde Roma, Italia al recordar como puso su brillo en las competencias de equipos, velocidad y persecución. “Marianis es el más grande talento. Solo me conformaré que tenga también un buen recuerdo mío de lo que pude compartir”.

 El primer video que muestra Fernando Salazar en un teléfono de pantalla agrietada es la película de uno de los dos triunfos en el velódromo de Jalisco, en Guadalajara México. Está en la terraza enrejada de su vivienda en el barrio los Girasoles, suroccidente de Barranquilla.


Recuerdo de la ciclista en competencia en Guadalajara México (Foto / David Moran)

Antes de comenzar el Panamericano en México, Valoppi se reunió con todos los ciclistas y preguntó a cada uno qué pruebas querían correr.

Muy segura de la preparación con su entrenador Ricardo Moreno, Marianis Salazar prefirió dejar claro cuál prueba no quería correr.

 El keirin, no la quiero.

—¿Por qué?

—Porque nunca lo he corrido.

—Es una lástima porque es una prueba que puedes ganar.

 

Cristiano Valoppi percibió un miedo y respeto por el keirin de su dirigida, y con el diálogo personal quiso quitarle hierro.

Colombia tenía a Mariana Herrera a su corredora más especializada para esta prueba, mientras Marianis Salazar sacaba una capacidad de superación en carrera y salirse del libreto en la prueba de velocidad que definió contra Valentina Luna, de Argentina.

Los hits de la velocidad son una batalla para el ganador de dos de tres carreras. Marianis ganó el primero al comenzar detrás de su rival y en el segundo hit le tocaba estar por delante desde la salida y hacia la meta. En esta circunstancia había que tener ojos en la nuca para no ser sorprendida con los ataques de la argentina antes de sonar la campana como anuncio de ir por la gloria.

A una vuelta de la definición y con un pedaleo sin parar de las dos rivales, Marianis Salazar permitió que la argentina pasara adelante a menos de una vuelta, emparejarse en la parte alta de la pista a menos de 40 metros del final y definir en un spring y golpe de riñón: los brazos extendidos y la cabeza hacia adelante, reafirmó su capacidad para confiar en lo que tiene en sus piernas. La foto mostró que ganó por media rueda de su bicicleta.

Valoppi cuenta que, más que sorprenderse o una estrategia que no estuvo en el plan, a Salazar se le dieron “correctas cargas” para pedalear por ejemplo en la prueba de los 500 metros. El italiano había tenido la oportunidad de conocer a Valentina cuando dirigió en Argentina.

Explica que fueron cargas un poco más liviana y al analizar la potencia de Luna, apostó a no perder mucho en la primera vuelta, porque en la segunda vuelta Marianis es mucho más fuerte.

—Marianis ganó por menos de 3 décima de segunda y en la primera vuelta ya le ganaba por seis décimas a la argentina. 

En la velocidad, Marianis tenía que correr y no entrar en el territorio donde su rival era fuerte o favorita; es decir no andar en baja velocidad, y en los arranques no tener que ser sobrepasada.

—Al final ganó muy fácil esa prueba de velocidad. Marianis es muy potente. Es el más grande talento que tiene Suramérica en los últimos años. Es una muy buena chica.



Marianis Salazar haciendo un calentamiento en el velódromo de Barranquilla. (Foto / David Moran)

Esa hazaña de 2019, cuando corrió dos finales en un día, de no esconderse a la presión y de ayudar a ganar la velocidad por equipos, vuelve a emocionar a los Salazar. Estela, Fernando y Luis Fernando lo vieron y Marianis, allí en la puerta de su casa revela lo que a veces le cuesta decir:

 —Sí, fue mi decisión dejarme pasar. Me salió hacerlo.

 Lo dijo con una naturalidad. No quería correr el keirin y se lo había dicho también a Ricardo Moreno por teléfono, el dueño de la bicicleta que montó Marianis. Él estaba pendiente desde Barranquilla como si estuviera al pie del óvalo en México.

 Con las dos pruebas de velocidad ganadas por Marianis Valoppi estaba encadilado que se atrevió a decir delante de los otros miembros del equipo nacional:

 —No podemos darnos el lujo de tener la mejor ciclista de velocidad de su categoría, y del mundo, sin correr el keirin.

Marianis dice que quería un estímulo para correr el keirin con un uniforme distinto. La ciclista barranquillera deseaba tener dos uniformes de color azul, con los colores tricolor y panamericanos dando la vuelta a su tórax. Capricho de ganadores.

El señuelo del uniforme llevó a Lavolppi a buscar una nueva indumentaria y entregársela.

 

—El ciclista se siente fuerte cuando está seguro de sí mismo. Esto muchas veces condiciona el trabajo del entrenador. Hay que explicar y enfocar con el corredor las decisiones hacia lo que tiene que pasar en la carrera. Marianis, si tiene una buena guía, es una deportista para grandes resultados.

El keirin lo ganó Marianis Salazar sobre Daniela Orozco, de México, segundo lugar.  Mariana Herrera alcanzó el cuarto lugar.

El intento de llevar a Marianis a su primer Mundial Juvenil generó una confusión. En la conversación y las evocaciones de la familia quedó la sensación que, después de México, Frankfurt estuvo cerca.

Por reglamento y desde 1976 con el primer campeonato del mundo de pista juvenil, no podía romperse el patrón de quien no tenga la edad para la categoría no podía competir. Marianis siendo prejuvenil tampoco iba a ser la primera en hacerlo. Valoppi dice que hicieron la solicitud a la federación internacional que, por supuesto, negó la petición.

Las carreras de ese Panamericano de 2019 grabada desde la pantalla de un televisor se repite una y otra vez con Marianis Salazar con el tronco paralelo al marco de la bicicleta, marcando el paso y una velocidad hasta de 60 kilómetros como la que registró en el keirin.  

Fernando tiene las manos sobre el cogote, sentado en el sillón blanco y esas imágenes son las que hacen al progenitor decir:

—Por eso quiero que cuando se hable de ella se le identifique no solo por su nombre, sino por lo que ha hecho. Que sea algo grande. Me gustaría verlo. Que Dios me dé fuerza. Tiene todas las condiciones y el talento.

 

  

 

   

 

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