Capítulo III: Marianis Salazar persigue la élite del ciclismo de pista
La fractura de clavícula. La soledad de su recuperación y la enfermedad de su padre.
Por Nilson Romo Mendoza
La incertidumbre que sembró la pandemia desde marzo de 2020 había llevado a Fernando Salazar a buscar cómo dialogar con representantes del deporte y el Gobierno departamental. La intención fue exponer cómo su hija está proyectada para buscar grandes triunfos y conocer si los apoyos o patrocinios pueden mejorarse.
El coronavirus en sus primeros seis meses del año pasado dejaba huellas como la del 28 de junio con 155 muertes en el Atlántico, y con ello, el silencio de los líderes del deporte en medio del confinamiento. El entorno de
Marianis y el de otros deportistas con proyección reclamaban la compañía de las autoridades. No todo es dinero, pero también una llamada y el interés para saber cómo enfrentaban el encierro, el pare obligado a los entrenamientos y adaptarse a los espacios en casa.
Fernando Salazar tiene presente la estrechez económica que, con el
cierre de escenarios y parálisis de las prácticas, abrió una puerta al futuro
y no descartó la de tirar la toalla: “Estaremos apoyando a Marianis hasta donde
alcancemos”.
Para moldear una campeona mundial, que es lo que ha puesto en el listón
de objetivos el entrenador Ricardo Moreno, el ciclista no puede ser un proceso
condicionado por los estados de ánimo. “Un día y sí y un día no”, e involucra la nutrición y su inversión, no se puede interrumpir.
Fernando Salazar se toca el bolsillo. Recuerda que su hijo Luis,
graduado en Negocios Internacionales y quien hasta noviembre de 2020 no había
conseguido trabajo, sumaba las preocupaciones por los gastos de transporte y
los costos de la alimentación de Marianis elevados a más de 500 mil pesos (USD 200). El salario de más de dos salarios, que devenga el único
empleado hasta ese momento no alcanzaba.
“Necesitamos alguien que nos patrocine su alimentación y sea constante,
porque así no se puede”.
Los familiares y amigos que han donado, ayudado en recursos para pagos
al entrenador y compra de herramientas de uso, están presentes en sus balances
personales.
Identifica cuáles han sido los recursos que entrega el Gobierno
departamental para para financiar viajes, asistencia a torneos e incluye los
que se deben asumir por el pago de las funciones del entrenador.
Marianis Salazar en un entrenamiento en el velódromo de Barranquilla antes de su fractura. (Foto / David Moran)
El peso es lo que más tenía que controlar. Sus padres vieron que la báscula marcó hasta de 72 kilos, cuando su peso ideal tenía que mantenerse por debajo de 70 kilos.
Con el cambio físico, las muelas cordales comenzaron a romper encías y
aparecer la necesidad de un tratamiento de ortodoncia que subió el presupuesto y midió el estado
de ánimo en la familia Salazar.
La lesión de clavícula derecha de Marianis Salazar, el 4 de noviembre, abrieron otros días de infortunio.
Aquella tarde, un grupo de doce ciclistas, entre ellas dos niñas, que
apenas estaban adaptándose a rodar sobre el duro pavimento y las grietas que
juntan placas del velódromo, provocaron un accidente.
A unos 50 metros de la primera curva de la pista rumbo a la recta de
oriental del velódromo, Marianis Salazar y Miguel Ángel Jaramillo salieron
disparados de sus bicicletas.
Estela Sánchez, madre de Marianis, estaba sentada en las escalinatas de la tribuna del velódromo, donde las nalgas y las botas de una decena de soldados concentrados y en guardia dentro del escenario permanecieron desde el comienzo de la pandemia y hasta enero de 2021. Lo que vio fue como un carrusel que gira, y de repente se frena y todos los caballos caen. A una velocidad de 20 kilómetros, dos ciclistas novatas que hacían parte del grupo se detuvieron.
Marianis pedaleaba con la mirada en su rueda delantera, pendiente de quien iba delante. Su pedaleo paró de golpe, y vio todo patas arriba cuando a las centésimas de segundos todo el peso de su cuerpo cayó sobre su hombro derecho. Miguel Ángel Rodríguez salió disparado de su silla y cayó con una fractura en el radio izquierdo.
El intenso dolor en la clavícula derecha sacó hilos de lágrimas a
Marianis. El mismo hueso golpeado en otra caída y en el remate de una clásica
ciclística de 2018 en Sincelejo se quebró. Si hace más de tres años estuvo en una
clínica, de donde solo salió con la ayuda de la Policía y sin incapacidad, esta
vez sí hubo fractura.
En Sincelejo se había caído a pocos metros de la meta cuando perseguía a
una rival. Luna, compañera del club RX y una espectadora al borde de la vía,
escuchó: “Allá vienen”, y sin pensarlo se atravesó. La velocidad de Marianis, a
la caza de la rival, rodó por el pavimento tras un intento de evitar golpear a
Luna.
El miércoles del 4 de noviembre del año pasado, el sistema nervioso de la
familia Salazar se alteró. Ante la carrera de llevar a Marianis y Miguel Ángel a
una urgencia se hicieron llamadas telefónicas a una ambulancia que nunca llegó.
Cada uno al final resolvió y buscó su clínica de afiliación familiar al
sistema de EPS. La salida desde la pista hasta la Circunvalar para montarse a
un taxi fue más desesperante. Ricardo Moreno y Estela, los acompañantes de
Marianis, pararon un taxi al que se subieron y la velocidad del conductor los
impacientó.
Marianis viajaba más tranquila, aunque buscaba morder algo para
contener el dolor, mientras Estela presionaba al conductor para llegar pronto a
la primera sala de urgencia de una clínica. Horas después llegaron a una segunda clínica y donde fue
remitida y valorada.
La tensión y el estrés que genera la espera y el miedo por algún
contagio de Covid-19 llevó a Estela y Fernando a permanecer hasta la madrugada.
El padre venía de su turno de trabajo a la clínica,
El médico de urgencia la valoró, las enfermeras explicaron que podía volver
a la casa con la garantía que sería operada 21 días después.
Esta fue la tercera caída en el velódromo en más de siete años de
entrenamiento en el escenario. En las dos anteriores Marianis presentó laceraciones
en brazos y piernas al rodar por el duro pavimento, y al correr a la atención
de emergencia, las enfermeras creyeron que habían sido accidentes por caerse de
una moto.
Ese 4 de noviembre, Indeportes entregó un contrato por 5 millones de pesos, cuyos recursos se destinaron para la Liga de Ciclismo. De acuerdo con el Secop, sistema que informa los contratos públicos de las entidades territoriales, el objeto de este se firmó como motivo de la “prestación de servicios de apoyo a la gestión al Instituto Departamental de Recreación y Deportes del Atlántico para el desarrollo y perfeccionamiento del alto rendimiento a deportistas en la disciplina de ciclismo/pista en el departamento del Atlántico”.
El Secop no mostró otro contrato de acuerdo a la ley para la liga de
ciclismo en todo el 2020.
En casos de emergencia de salud, las amistades y las relaciones se
buscan. Es como un primer seguro de rescate. La hija de un juez de ciclismo, que trabaja
en la clínica, medió para cambiar la fecha que el médico de turno había
indicado. Ya no sería en 21 días.
Ricardo Moreno unos días antes de la cirugía le dijo a Marianis que no
se preocupara. “Es una operación rápida”.
El viernes 6 de noviembre cuando la velocista entró a la sala de cirugía
después de las 8 de la mañana, Fernando no paró de caminar de un lado a otro en
la sala de espera.
—Ese pedazo lo dejé limpio de tanto caminarlo.
Había tensión antes del procedimiento. A las 11 de la mañana los
profesionales de la salud indicaron que el procedimiento fue un éxito. La
deportista despertó invadida de náuseas y vómitos.
La familia recibió el informe médico el cual indicó que la alergia de
Marianis fue el resultado de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos La
ciclista trasbocó y no durmió aquella noche hasta que fue dada de alta de la clínica.
La información de su fractura fue publicada en un sitio web de noticias de la ciudad.
Un mes después Fernando Salazar analizó que la licencia de ciclista, que entrega la Federación Colombiana, esta ofrece un seguro en caso de accidente y debía estar actualizada.
¿Qué razones hay para que un dirigente, una autoridad del deporte no llame a una deportista y se interese por el estado de salud tras un accidente?
Salazar señala que estos son los detalles que lo llevan a meditar si las fuerzas alcanzarán para seguir en esta empresa del deporte cuando se tocan puertas y detrás del madero ni preguntan ¿quién es?
El marcapaso
Al final de una jornada laboral, Fernando Salazar lavaba un vehículo en la planta de la empresa en el norte de Barranquilla y empezó a sentir mareo y pensó:
—Eche qué es esta vaina.
Siguió apuntando la manguera de
presión y agua fuerte a la maquinaria cuando volvió el mareo, y le dijo a un compañero que no se sentía bien. Este le
sugirió que se sentara, que avisara al jefe inmediato, mientras buscaba ayuda y
pedía una ambulancia.
Fernando Salazar esperó sentado y 55 minutos después decidió irse en un taxi
a los Girasoles. Había partido después de cumplirse una hora extra de su
jornada.
En el viaje volvió a sentir aturdido y pensó que quizás era cansancio.
Entrando a su casa, despojándose de su vestuario, volvió a expresar que
sentía mareo. Dio unos pasos y tambaleó.
Estela preguntó qué sentía:
—Tengo como frío y un dolor en el brazo derecho —dijo Fernando.
La esposa lo invitó a buscar un
taxi o llamar a un vecino que tenía un vehículo para que lo llevara a una
emergencia. Él se resistía ir al médico hasta cuando los síntomas se agudizaron
y fue llevado a una clínica donde le dijeron después de los exámenes que tenía
que quedarse.
Ese 2 de diciembre los Salazar Sánchez volvieron a tocar fondo: Fernando
fue operado por una cardiopatía y la instalación en su cuerpo de un marcapaso a
sus 50 años de edad.
Los síntomas mostraban que su corazón entró en una fase de palpitación lenta.
Ese día Luis y Marianis fueron los últimos en enterarse de la emergencia,
la cirugía y la instalación de un marcapaso.
Luis estaba en su proceso de firmar un nuevo contrato laboral con la más
grande empresa de la ciudad. Marianis en cambio, aún sin volver a entrenar,
estaba en casa sola.
El apetito por las ensaladas y cumplir la dieta le devolvieron la paciencia, en los primeros ocho días de la recuperación en su clavícula derecha, y cuidar con celo a su padre.
Paciencia y rutina en casa la mantuvieron durante 21 días cuando se levantó
y dijo:
—No más. Quiero montar en bicicleta.
Marianis Salazar se levantó tres días después aún con dolores para ver a sus amigos y pedalistas del Club FX Cycling Team para animarlos en los PAC programa de ciclismo de la Federación Colombiana que se celebraron en Barranquilla.
Fernando le dice a Estela:
—En ese programa más de uno cree que Marianis está por fuera. Y cómo no hizo ninguna clasificación por la lesión ninguna.
Ricardo Moreno al verla a lo lejos comentó para que escucharan los otros ciclistas del club:
—Miren a Marianis, lesionada y está aquí.
Las citas para la fisioterapia con la EPS no se dieron. El médico que la
atendió no había precisado una fecha para definir si se las necesitaba. La cita
se dilató y una deportista enclaustrada se desespera. Necesitaba estar en
actividad.
La cita con el especialista y también postergada en medio de la
pandemia, la consiguieron cuatro semanas después.
El accidente había dejado el gasto de un millón de pesos por la cirugía, la pérdida de un casco que costó $500.000 y el daño de la rueda trasera de su mejor bicicleta, la de marco especial, obsequiada por el gobierno del alcalde Alejandro Char.
La rueda quebrada en noviembre no fue reemplazada, sino reparada y a un
costo de 200 mil pesos. La bicicleta, que ya estuvo en su primer Panamericano
Élite en junio de 2021, es un tesoro y activo para la familia. “Es una
bendición de Dios. Para comprarla con mis ingresos no hubiera podido”, dice
Fernando Salazar.





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