El deporte paralímpico visto en primera persona por Joan Manga
El licenciado en Educación Física , entrenador de atletismo hace un análisis del momento y la estructura del deporte no convencional en el Atlántico.
Por Nilson Romo Mendoza
“Mi meta es dejar una base para el deporte paralímpico de Colombia en 2027. Que los entrenadores a mi cargo puedan desarrollar talentos con una preparación a largo plazo"
Soy Joan Manga Carrillo, atleta paralímpico, docente universitario, especialista en deporte para discapacitados y responsable de seleccionar talentos en atletismo convencionales en Barranquilla, Colombia, y soy metodólogo para deportistas paralímpicos.
Creo que se puede a través del deporte hacer esa sensibilidad que se necesita para la población con discapacidad.
Mi mamá me cuenta que antes de nacer no quiso verme en una ecografía. Soy su hijo mayor, y Dios le mostraba en los sueños algo. Ella veía que iba a un bosque y le caían unos gusanos en la cabeza y se los sacudía. A ella no le gustaba esos sueños y sentía que Dios la estaba preparando para algo.
Ella tenía
miedo, porque yo podía tener alguna enfermedad en la cara y podía interrumpir
el embarazo. Cuando nací en el Hospital de Barranquilla, el médico le dijo: ‘Hay
que lástima’. Mi mamá lloraba de felicidad y solo buscó mi cara y vio que era
muy bonita. No le importó que hubiera nacido sin mi antebrazo y la mano
izquierda.
La niñez de Joan Manga tuvo en Norma, su madre, quien lo ayudó a dar sus primeros pasos y ser después independiente. (Foto / David Moran)
Ese día mi mamá escuchó a dos médicos y una enfermera decir que unos días antes una madre parió un niño que no tenía brazos ni piernas, y ésta lo rechazó. Mamá no sabe qué pasó con ese niño. Por eso horas después de mí registro, el 7 de noviembre de 1991, una psicóloga del hospital le dijo que, si no me quería porque me faltaba mi brazo, podía dejarme.
Delia Caicedo, una vecina del barrio Ferrocarril, en Soledad, Atlántico donde me críe y aún vivo, se había enterado que yo había nacido sin el brazo izquierdo completo y lo dijo a toda la comunidad. Esto creo una aglomeración que obligó a una enfermera y amiga de mi mamá a cargarme, desnudarme y mostrarme a todos los que estaban en el frente de mi casa.
Mi mamá me educó como un niño normal, mostraba mi limitación física, no ocultaba mí brazo, me vestía de camisilla y mangas cortas, me enseñó desde pequeño a amarrarme los cordones, cortar frutas, cocinar y martillar, porque en mi casa mi tío tenía una ebanistería.
El día que
el pediatra le dijo a mi mamá que yo era un niño con mucha energía y tenía que
practicar un deporte, el fútbol estuvo de primero. Mi papá, que todavía juega,
también me apoyó y aprendí a jugar en la escuela Ferro en mí barrio.
El
Ferrocarril es un sector de calles sin pavimentar, tiene un arroyo de aguas residuales
sin canalizar, y allí tengo amigos de infancia que no han tenido una
oportunidad. Con un líder de la comunidad planeó encuentros para que los
jóvenes que puedan estar en riesgo de la droga o no tengan uso del tiempo libre
se interesen por el deporte.
Joan Manga vive en el barrio ferrocarril en Soledad, donde está consolidando una propuesta para que los jóvenes tengan un buen uso del tiempo libre. (Foto / David Moran)
Lo que he logrado es la mejor forma
de enseñar. No hay límites. Estudié y soy graduado en licenciatura en Educación
Física.
Desde el
2013 empecé como atleta cuando animado por mi entrenador Aymer Castillo, que
sabía de mis condiciones en el fútbol de la Universidad del Atlántico,
participé en un primer campeonato nacional paralímpico en Medellín y logré dos
medallas de plata en 100 metros y 200 metros en la clase T47.
Al siguiente año me mantuve como el número uno de las dos pruebas, y en el 2015 aspiraba a ir a los Juegos Parapanamericanos de Toronto, Canadá.
Nadie me responde por qué no me llevaron a los Juegos Panaparalímpicos. Pudo ser mi primer gran evento. No dieron una respuesta. Mi entrenador preguntó en Bogotá al Comité Paralímpico Colombiano ¿cuál era el argumento técnico para no viajar a Toronto? Y aún no sé qué pasó. Dirían que yo no tenía experiencia internacional.
Por eso
decidí irme a estudiar una especialización en discapacidad en Alemania para
aprender y traer todos esos conocimientos y poder adaptar, algunos, a nuestra
realidad. En Alemania aprendí que en Colombia tenemos más talento, aunque somos
menos organizados y metódicos. Ellos, los alemanes lo tienen. Cumplen sus
planes y lo aplican.
Regresé en agosto de 2017, me mantuve entrenando hasta marzo de 2018 y volví a escuchar que no había recursos.
Desde 2013 empezó en el atletismo del Atlántico y entrenó hasta febrero de 2020. (Foto / David Moran)
Terminé el
2018 como el número uno de mi prueba en Colombia a pesar que solo entrenaba y solo
competí en Cali. No había ninguna razón técnica para que tampoco no recibiera
el apoyo local. Pregunté qué ocurría y me dijeron que fue por un error, que
tenía que esperar una nueva resolución. Cuando salió ésta, fui informado que
todo seguía igual: sin el mejor apoyo.
Antes de los
Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla 2018 nos sacaron de los
escenarios de entrenamiento. Todo estaba en obras civiles y no tuvimos acceso a
sitios de práctica. Lo dije en medios de comunicación y ninguno publicó. En
agosto nos dieron acceso para volver a competir y desde septiembre empezó un
bajón en los atletas y las modalidades no convencionales.
En 2019
volví a ser apoyado y sentí que me querían decir: ‘quédate callado y no digas
nada’. Solo participé en una sola competencia en 24 meses, en los Juegos
Paranacionales, máximas competencias del país, donde logré una medalla de
bronce en los 100 metros con 11,57 segundos.
Entrenaba
porque me gusta el atletismo y me sigo preguntando: ¿Qué pasa con el apoyo?
Siempre he
sido autónomo en lo que he dicho y vivido. Nadie va influir en mi forma de
pensar, en mis decisiones. Soy muy independiente de eso.
Hay
deportistas no convencionales que se dedican a entrenar y viven de ese apoyo.
Hoy no hacen nada porque no tienen respaldo.
Puedo ir
más allá, pero otros no dicen nada por su condición cognitiva. ¿Dónde están las
personas que nos representan?
No es fácil
el sector de discapacidad. El sector necesita ser dignificado. No nos han
visto. Esto me pone a pensar, que no hay ningún deportista, ni relevo
generacional al 2023 para el Atlántico. Hay mucho por hacer.
Analizo
cómo está la estructura de nuestro entorno y destaco la importancia del docente
de educación física y su capacitación para la atención y formación del sector.
Lo investigo en mi maestría de Innovación Educativa que estudio. No lo
estamos aplicando. La gente que tiene un familiar con discapacidad no sabe qué
hacer con esa disfunción.
Debemos
hacer un movimiento a través de la captación, atraer jóvenes y convocatorias.
Me doy
cuenta que hay otros grupos externos que han sido opacados por el estilo de
organización de los abanderados del sector no convencionales. Son personas que
quizás no se notan o no se hacen visibles porque han sido coartados para
desarrollar ciertos proyectos. Es que para que algún talento pueda competir y
haya inclusión tiene que ser aceptado.
Lo que
debemos explicar y no se entiende es que la discapacidad también es inclusiva y
no es para todos. Los padres de familia piden explicaciones porque sus hijos no
son elegidos para un deporte y un campeonato, y la responsabilidad mía llega
hasta un punto. Hay otras competencias que no son pertinentes para los
formadores. Una es la clasificación de los potenciales deportistas, las pruebas
que no pueden darle el hándicap que son de los que nos representan
en las organizaciones y ligas. Puede que un joven tenga una disfunción, pero no
las condiciones físicas para hacer deporte y tenga que ser excluido. Y uno
termina maltratado y víctima en el proceso.
Tenemos que
ser pacientes en los procesos porque estaríamos en una especialización
temprana. Busco que haya nuevos talentos, que no todos estarán, pero sí podrán
ser visibles y que su calidad de vida sea mejor. Es una nueva formación.
Hoy no
tenemos cantidad de élites y rendimiento, como aquellos que han tenido logros
en el país por la complejidad del diario vivir y más después de la pandemia del
Covid-19. No todos se pueden dedicar a ello.
En
Barranquilla no ha sido fácil organizar nuestra comunidad. En mi caso intenté
volver a correr para demostrar que estamos, pero ahora la rodilla izquierda me
está molestando. Aymer Castillo me anima a que siga compitiendo. Me ha dicho que todavía tengo que
dar algo en el atletismo. Que no me retire.
No me he ido para otra región del país, porque pienso en mi familia, en las responsabilidades como profesor, estoy seleccionando talentos para el atletismo convencional, soy emprendedor con un negocio de mascotas. Tengo más de un año de casado con una contadora pública, sigo estudiando e investigando para que entendamos mejor el movimiento paralímpico”.







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