Correr los 400 metros es para locos
Por Nilson Romo Mendoza
Raúl Mena fue el mejor saltador de longitud de Colombia en 2019 y antes de la pandemia pudo encontrarse en Turbo con Hernán Mena Arias, su padre, más de tres años después de descartar a Antioquia y apostar por representar a Atlántico.
Después del
mejor registro personal de 2016 con 7,72 metros, Mena saltó en los Juegos
Nacionales en Cartagena 7,68 metros, ganó el oro y corrió el relevo 4x100 de
Atlántico con el que logró una medalla de bronce.
Así se
mostró con su padre orgulloso en el municipio antioqueño. Compartieron el fin
de año y comienzo de 2020. Hablaron de los sueños, de buscar una marca para
llegar en el salto de longitud a los olímpicos Tokio 2020 sin saber lo que se
venía.
El objetivo
marcado de Raúl fue sostener una marca cerca de los 7,80 metros y llegar a la
olimpiada que estaba prevista para el verano de 2020.
Michael
Gutiérrez, el entrenador de Raúl Mena, había mostrado que su dirigido seguía
siendo un saltador de longitud, pero era parte de una estrategia del club
Eureka para preparar un velocista de 400 metros planos con proyección a los
olímpicos.
La osadía de
Gutiérrez invitaba a que la marca tenía un listón alcanzable. “Si es posible
por escalafón clasificarse a los Olímpicos de Tokio”.
Con la
declaratoria de pandemia mundial por la Covid-19 y el confinamiento que, desde
abril de 2020 decidió el gobierno colombiano, todos los planes y los
entrenamientos en el estadio de atletismo Rafael Cotes de los deportistas se
vinieron al piso.
Mientras el
23 de marzo el Comité Olímpico Internacional (COI) anunció que postergaba las
olimpiadas para el 2021, tres meses después, el 28 de junio, Atlántico presentó
155 fallecidos por la enfermedad y todo un récord que endureció las medidas
entre las cuales el cierre de escenarios deportivos. Solo hasta octubre, cuando
hubo un respiro y una curva aplanada de muertos, las autoridades permitieron
autorizar el regreso a la pista.
La “táctica secreta”
del entrenador Michael Gutiérrez se sostuvo, en medio de la incertidumbre y con
una nueva fecha de los Olímpicos, comenzó a descubrirse que Raúl Mena podía
correr los 400 metros.
Entrenaba
saltos y hacía carreras en pista que tenían como medida una tabla de referencia
de los metros a correr por segundo. El entrenador analizó aspectos de su
físico, y lamentó lo que perdió con Mena al dedicarse a esa especialidad.
Raúl no
tenía que darse cuenta, según Gutiérrez, que después de las sesiones, pasaba a
medir tiempos de velocidad en 250 metros, 300 metros y 500 metros. La
justificación era alcanzar velocidad para los saltos.
Con el plan
en la cabeza, Michael Gutiérrez se atrevió a preguntar sobre los miedos a Mena:
—¿Por qué no
te metes al 400?
—No, no. Esa
mierda es para locos.
Mena no
ocultaba su prevención por la exigencia en una prueba en la que se tiene que
ser veloz y resistente. Solo recordar que el ácido láctico lo sentía hasta en la
cabeza encendía sus alarmas de inseguridad.
El
entrenador entendió que había que tener tacto para convencerlo del reto. Le
trabajó la cabeza, fue conociendo sus pensamientos y mostrándole que tenía más
posibilidades de correr 400 metros y no 200 metros, como era el deseo del
atleta.
Michael
Gutiérrez evaluó y encontró que su fuerza le ayudaba para saltar. No su
velocidad.
La inmersión hacia la prueba de la vuelta completa (400 metros planos) mantenía el fastidio de Mena. Gutiérrez apeló a la paciencia para comprender las quejas del dirigido.
—Eres muy pesado con estos entrenamientos. No quiero correr 400 metros.
—Sólo quiero que corras un 400, no necesitas correr varios. Solo uno.
Michael
Gutiérrez continuaba con el guion de hacerle creer a todos en el estadio que
aspiraba a tener un cupo olímpico en el salto de longitud. El debate de este
cambio de modalidad, más estratégica y técnica, puso a analizar a los
involucrados. ¿Si un saltador puede hacer carreras de velocidad, podrá ser también
resistente en los 400 metros?
“El
cambio de saltar a correr pruebas de velocidad no es fácil”, admitió Mena al
conocer la exigencia para llegar a los Olímpicos con el salto de longitud.
Los eventos
mundiales de atletismo han consagrado en el salto de longitud a velocistas de
100 y 200 metros libres. Los estadounidenses Carl Lewis, Mike Powell son un
ejemplo en los años 90.
Jorge
Palacios, entrenador, saltador y fundador del club Fénix de la Liga de
Atletismo del Atlántico, explica que un buen velocista, un deportista que corra
el hectómetro en 10,4 segundos debe ser un buen saltador. Esta marca la
estableció Gustavo Barrios, atleta de la liga del Atlántico, con cronómetro
manual, en el Campeonato Departamental de noviembre de 2020.
La velocidad
que se alcanza es punta de lanza para el despegue y vuelo, movimientos
ejecutados y técnicos para el salto de longitud, agrega Palacios.
Raúl Mena
estaba preparándose para poder ser competitivo en dos pruebas que obligan preparaciones detalladas y distintas.
Jorge
Palacios asegura que le dijo a Mena en 2018 que él podía correr en pista, que
hiciera pruebas de velocidad.
Mena no hizo
carreras de velocidad entre 2017 y 2019, porque sus entrenamientos de salto
estaban planificados. Respetó la decisión, conocimiento y experiencia de Bladimir Cantillo, uno de los entrenadores que lo asistió antes de
Michael Gutiérrez.
En algunas
prácticas para soltar cargas, Mena recibía la orden de correr 300 y 500 metros,
y así fatigado pasaba a las arrancadas en la pista.
—Un día acepté. Pedí chequearme en 300
metros y corrí 33 segundos. Y dije: qué interesante.
En los chequeos, Michael Gutiérrez
avivó el fuego. En 200 metros Raúl Mena paró el reloj en 20.7, luego en 300
metros, 33.2, cuando su registro pasado era de 33.5 y éste aún sin entrenar a la máxima
exigencia.
El dúo de Michael y Raúl necesitaba
lanzarse al agua y buscar el espaldarazo para encontrar caminos hacia una
oportunidad en los 400 metros. El entrenador se animó y con Orlando Ibarra
Echeverría, presidente de la Liga del Atlántico, sugirieron a un miembro de la
Federación Colombiana de Atletismo que lo tuvieran en cuenta en la “lista
larga” de atletas para el relevo olímpico en Tokio a Raúl Mena.
¿Cómo un atleta que nunca ha
corrido los 400 metros en Colombia aspira a integrar un relevo olímpico? La referencia
de Mena es que era el mejor saltador, lo cual atrajo la curiosidad de otros
velocistas y más al verlo en Bogotá en los primeros días de octubre de 2020 con
una decena de competidores de esa “lista larga” entre los que estaban Anthony
Zambrano, subcampeón del mundo en los 400 metros (medalla de plata en Tokio), y
Diego Palomeque.
Bajo los métodos y el cronómetro del seleccionador
de Colombia, Nelson Gutiérrez, Raúl Mena ejecutó test de saltos, fuerza y
velocidad en la capital; escuchó las recomendaciones y entendió que tenía una
opción de meterse en ese grupo de corredores selectos.
A Michael Gutiérrez, el seleccionador le explicó
que tenía que planificar un entrenamiento para que Mena corriera los 400 metros
por debajo de los 46 segundos. Un himalaya para un inexperto escalador.
En Colombia, Anthony Zambrano había logrado 45.81
en 2016 en el Mundial Juvenil de Polonia y con dos años de entrenamiento en
Barranquilla.
“Estoy
apostando a todo”, dijo Mena con un tapaboca blanco, en una noche después de su
regreso de la capital colombiana. El confinamiento y el toque de queda ante los
casos de contagio por coronavirus, apuraban a Mena y a los que volvieron a
entrenar al estadio a mediados de octubre de 2020.
Lo que
aprendió y escuchó en la concentración en Bogotá resonaba en su mente como un
eco en una cueva. El hijo de San Pachito asumió que el deporte ocupaba todo su
tiempo, y no había momento para decidir qué pregrado estudiar en una
universidad como se lo habían sugerido, entre ellos, Juan Cervantes su primer
entrenador cuando regresó a Barranquilla en 2017.
Para el Campeonato Departamental de Atletismo, el
20 de noviembre de 2020, Mena apareció en la pista motivado, con el cabello
corto y desoxigenado en la cresta. Llegó con audífonos inalámbricos para
aislarse antes de aparecer en la pista como un gallo en medio de polluelos. Una
imagen que lo exhibía convencido de lo que buscaba.
Ese tinte amarillo en el cabello es obra de su
prima Diana Pedroza, hija de Luis, el “ranger” y quien desde hace 8 años le
pone su toque personal en los cortes que primero hace el barbero Edwin
Gutiérrez y vecino en San Pachito.
Un fin de semana aún con el pelo desoxigenado, Raúl
se metió al mar y salió con una sensación extraña en el cuero cabelludo.
Edwin Gutiérrez, el barbero y propietario de un
salón rodeado de espejos, muebles y paredes rojas en San Pachito, le advirtió
que darse un chapuzón en el mar con el cabello tinturado podía dejarlo tiempo
después calvo.
Delante de su hermano y su mamá en la puerta de la
casa en San Pachito, Raúl se pasa la mano de palma blanca, como el color de una
concha de almeja, por el mentón y su índice derecho delgado se toca la patilla:
—Me voy a motilar.
—Estás es botando la plata. (risas) —dice en coro Asalia, su madre, y Jorge,
su hermano.
Cada fin de semana se acicala y puede gastar en cortes de cabello con máquina $10 mil pesos en promedio que paga Edwin Gutiérrez. En la barbería, a unos 70 metros de su casa, sobre la calle 74, llega con la confianza del cliente fiel. No hay turnos. Se quita el suéter y antes de sentarse frente al espejo en el sillón rojo de barbero, Gutiérrez sacuda la capa y limpia el mueble para comenzar el raspaje con la máquina.
Edwin Gutiérrez es el barbero de Raúl Mena, en su negocio ubicado en San Pachito. (Foto / David Moran)
El cabello cae como hilos negros delgados y
ondulados para darle forma al corte degradado y desvanecido hasta retocar una
línea o camino en la parte izquierda. Mena escuchó y opinó con un amigo que esperaba
turno y Edwin sobre el rumor que para diciembre había con la ida de Lionel
Messi del Barcelona de España.
Se levanta Mena al terminar y muestra el tronco delgado, magro en pectorales, cultivado por los esfuerzos físicos, la espalda ancha muestra un lunar en la parte baja de la espalda derecha. Los abdominales marcados ganan ante hombros y brazos menos musculados. Su peso es de 66 kilos y tiene una talla de 1,81 metros.
El cuarto lugar obtenido por el relevo de 4x400 de Colombia en el Mundial de Doha de 2019, llevó a la Federación Colombiana de Atletismo a elegir esta prueba como bandera. Anthony Zambrano fue el motor diésel de la posta junto a Alejandro Perlaza y Diego Palomeque. La estrategia en aquel momento fue también valorar una competencia que sumara a otros candidatos aspirantes entre los que están Jhon Solís, Yilmar Herrera y Raúl Mena.
Michael Gutiérrez mantenía un seguimiento
individual de los corredores del relevo de Colombia como otra basa para
mantener la exigencia. Seguirle la huella a Palomeque, Perlaza y Solís tenían
el agregado que, hasta el 2017, Michael compitió contra ellos en eventos
nacionales.
Antes del Departamental, un grupo de atletas del
país hicieron una video llamadas. El confinamiento lo obligaba y entre los invitados,
estaba Raúl Mena y Michael Gutiérrez, el el único entrenador. Raúl se conectó
algo tarde, y se perdió de la inquietud de Diego Palomeque:
—Profe, usted que es coach de Raúl Mena, ¿él está
para correr el 400?
Michael recibió la pregunta de Palomeque cómo
alguien que le cuesta creer que había un atleta en lo secreto. Vio cierta
incredulidad sobre si un saltador podía correr cuatro veces el hectómetro, sin
parar y ser competitivo. Hasta pensó que si le estaban “mamando gallo”.
—Profe dígame la verdad, si yo corro 46.5 o 46.7,
¿Raúl me gana o llega conmigo a la meta?
—Se define en la meta, cinco metros antes de
llegar.
—Bueno, si el profe dice eso vamos a creerle. Ya
saben que Raúl está para desbancar uno o si uno se cae, él estará en el relevo.





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