Adiós a "correr por un sueño"
–Acá será lo mismo que en Venezuela. No hay apoyo mamá –dijo Neiker.
Naira Sánchez, madre de los Abello, convencida que no hay mejor ejemplo que las acciones, le insistió en empezar de cero, en soñar y creer en sus posibilidades. Taladró con sus palabras, consejos y recuerdos.
Neiker estaba paralizado y definió su disposición como el efecto de una leña verde humeante que no llega a encender.
Esa tarde al entrar al estadio Metropolitano, los Abello llegaron vistiendo camisetas sin mangas con letras en el pecho en el que se leía: Zulia, estado de Venezuela. Una reafirmación de quiénes eran y cuáles eran sus intenciones. En la pista había atletas por grupos y al frente los entrenadores dirigiendo las rutinas. Como extraños, Neider y Neiker, escrutaron de abajo arriba el escenario en la medida que sus pasos los llevaron a uno de los espacios debajo de las tribunas. Frente al gimnasio de fuerza encontraron a Aymer Castillo, algo crispado con un grupo de atletas paralímpicos.
El calor de su instrucción no permitió que el entrenador escuchara más de un minuto a los visitantes.
Luis Saltarín, atleta de Castillo, cuando los vio, llamó su atención.
–Allá en la pista hay atletas. Si quieren entrenar lleguen allá (señaló hacía otro entrenador) –dijo Castillo.
Desde ese primer día mostraron disciplina y responsabilidad. Como si fuera una final, los Abello no midieron la exigencia ni el límite. Los compañeros los vieron con una velocidad más adelante.
–No son unos principiantes. Se les nota el talento y la profesional –dijo Emerson Mena, corredor de 800 metros.
Con el telón de un cielo enladrillado, el 26 de diciembre, cuando Naira Sánchez los dejó en las manos de Carlos Cantillo, logró uno de sus objetivos: la ocupación del tiempo libre de sus dos hijos varones y meterlos otra vez en el atletismo. Su siguiente tarea apuntó a encontrar empleo al que dedicó las horas de la mañana.
Con la amabilidad que transmite su voz suave y potente Carlos Cantillo los recibió. El trato desde el principio entre los otros atletas y los Abello fue de confianza. Sin discriminación. No hubo firma de documentos para su vínculo. Fue un acuerdo verbal, dicen los padres de los atletas.
El espíritu “combativo y aguerrido” de Neiker y Neidier impresionó a Carlos Cantillo, aunque no falló en las cuatro primeras semanas de prácticas las diferencias de comparar lo aprendido en Venezuela y las enseñanzas en Barranquilla. Neider no quería correr 400 vallas y expuso su punto de vista.
–Yo allá en Venezuela corrí 80 metros vallas siendo infantil.
–Pero veo que tienes condiciones para la valla larga.
Carlos Cantillo se refería a las carreras con obstáculos en las pista, y entrando en confianza con Neiker éste le sugirió:
–Él tiene más futuro en los 400 metros con vallas. El talento se le ve porque será un corredor de capacidad.
Neiker mostró a Cantillo su aptitud para aprender de su experiencia y fue quien le sugirió que probará en los 400 metros planos, una modalidad de carreras más exigentes a lo que aprendió en Maracaibo, Venezuela, donde entrenó velocidad pura con los 200 metros planos.
El entrenador identificó que la motivación de Neiker estaba minada a pesar de su empeño y lo invitó a creer que podía estar en el Mundial Juvenil de Finlandia 2018 sin tener todavía el pasaporte colombiano.
En su misión de ofrecer su experiencia como economista o estilista, Naira Sánchez llegaba al escenario a desarrollar esa capacidad de etnógrafa. Es una observadora tenaz e interesada por el deporte hacía comparaciones de lo vivido en Venezuela y Barranquilla.
–Allá no pagué ni un peso por el entrenamiento de Neider ni Neiker.
Desde las tribunas escrutaba los entrenamientos y, días después, dice que escuchó que a sus hijos le decían los “locos”. Pero en la pista, la admiración de Emerson Mena y los otros atletas pasaron la línea de la confianza y llegaron al terreno de las bromas pesadas del barranquillero: “la mamadera de gallo”. Andrés Arroyo, un atleta que se quedó en una promesa, llevaba la bandera y buscaba a Neiker, al más serio y de semblante severo de los Abello. Emerson Mena dice que Arroyo le llamaba “el mamahuevo”. No había una intención de ofensa, sí de conocer su dentadura, que sonriera, que tuviera confianza en el nuevo ambiente, que perdiera la pena.
–Andrés lo hacía por joder la vida, y al final se adaptaron al grupo –agrega Emerson Mena.
En el club Correr por un sueño, que se perfiló desde su origen hace más de 20 años como una fundación, en el 2018 estaba bajo la gestión administrativa de Loida Romero Ucros. La fisioterapeuta y licenciada en Educación Física cuenta que la mensualidad a los jóvenes con más de 16 años de edad era gratis. Naira y su esposo Delmiro aseguran que sí había un compromiso de pago para entrenar a sus hijos.
La búsqueda de un empleo estable, un mes después de su migración a Colombia, les impedía pagar la mensualidad que señalaron era de 40 mil pesos por cada uno de sus hijos. Loida Romero Ucros dice que solo pagaban 20 mil pesos, y Emerson Mena recuerda que ella llegaba a la pista y sacaba una libreta como mensaje para recordar que había que pagar la mensualidad.
Neider Abello entrena 400 metros con vallas en el estadio de atletismo de Barranquilla . (Foto / David Moran).
La migración de la familia de Naira presentó su segunda etapa. La primera el 13 de diciembre con los Abello Sánchez que hicieron parte de los 4.994 personas que según Migración Colombia entraron por Paraguachón, a 8 kilómetros de Maicao, la Guajira, en el último mes del año de 2017. En total fueron 550 mil venezolanos regulares que ingresaron al país, lo que representó un incremento del 62% comparado con el corte al mismo mes de 2016.
De los más de medio millón de personas, 69 mil fueron aceptados y presentaron sus documentos a través del permiso especial de permanencia.
El 14 de febrero de 2018 llegaron al barrio San Pedro II, procedentes de Machiques del Perijá, en el estado de Zulia, Venezuela: Nellys Orozco, profesora de matemáticas, hermana de Naira, José Rafael Carrasquero, esposo y dos de su tres hijos: Nathaly y Marinellys entraron con pasaporte en mano. La familia tuvo un tránsito de más de dos semanas en Hatonuevo, Cesar, donde se quedó María, madre de Naira y Nellys, y Neomar, hijo mayor de los Carrasquero Orozco.
En la casa apartamento, sin patio, de dos cuartos, un baño, cocina y una sala de unos 4 metros por seis de largo convivieron los Carrasquero y los Abello, quienes habían arrendado. Allí vivían 11 personas: cuatro menores de edad, y ocho adultos. Por cinco meses, el apartamento de la esquina de la carrera 6 G1 con calle 101 en Villa San Pedro III, en cuya habitaciones entraba una brisa fresca, juntó a las dos familias con la incomodidad que agitaba los cuerpos hasta el amanecer.
En el primer cuarto durmieron Dalmiro y Naira, y en la segunda habitación, Nellys, José Rafael, Nathaly y Marinellys. En la sala acostados en colchonetas Neider, Neiker y Neomar, que había llegado en marzo con la abuela María.
En el cuarto mes la convivencia aumentó a doce bajo el mismo techo. Y hubo noches en las que José Rafael, Neider, Neiker y Neomar se repartieron el sofá de tela negra para descansar, y los demás en el suelo en unos colchones que para estirar los pies se apoyaron en una butaca pequeña color tierra desértica.
En la adaptación a buscar su propia independencia, los Carrasquero Orozco se mudaron al corregimiento la Playa, donde habían otros parientes, pero dos meses después volvieron a finales de 2018 a convivir con los Abello.
En agosto José Rafael y Nellys lograron emplearse: el esposo, en una empresa de cables, y la docente laboró por horas en un colegio privado. Los puestos de trabajo garantizaron arrendar una vivienda en el mismo barrio.
La convivencia de dos familias de más de dos hijos bajo el mismo techo fortaleció el cariño del sobrino y el tío. Neider escuchó los consejos de José Rafael. Los unió el gusto por el deporte, salir a trotar juntos, y para un tipo espigado (1,85 metros de talla) que jugó béisbol y sóftbol en Venezuela, el cambio de rutina descargaba el agotamiento de la rutina laboral. Neider recibía a José Rafael de su jornada de trabajo con un saludo de manos, coordinado, muy ensayado al estilo de los basquetbolistas o beisbolistas estadounidenses. Golpe de palmo de mano derecha abierta, golpe de torso, puño cerrado, choque de nudillos, movimiento de cabeza de martillo, dedos índices apuntando como pistolas y movimientos de hombros. Y el rap, la improvisación, la rima cantada se sumó al lazo, a los gustos mutuos de Neider y José Rafael.
Bajo el pulso de Carlos Cantillo, Neider debutó en los torneos nacionales de la Federación Colombiana y las etapas de los Intercolegiados en el primer semestre de 2018. Neider fue tercero en una final del Campeonato Sub 18 en Bogotá en los 400 metros con vallas con una marca (1.00.72) y fue cuarto en la final de los 110 vallas.
Neiker recuerda que la primera vez que corrió los 400 metros en Bogotá llegó con los ojos cerrados. “No sabía cómo correr en altura y menos en esta prueba. Salí fuerte en los 300 metros y llegando a la meta casi me desmayo. No pasé y ahí se acabó el sueño del mundial de Finlandia. Fue cuando pensé que mi hermano y yo teníamos que cambiar de entrenador. Los problemas económicos nos ahogaban”.
El velocista y saltador de longitud, Juan Martínez aparecía entre las nuevas promesas locales juveniles, y Neiker mostró sus dientes al ganarle en un departamental en la final de los 200 metros.
Los test de Carlos Cantillo en la pista del estadio Metropolitano permitió analizar la técnica de carrera de Neiker. Había potencial, sin dudarlo, pero ciertos detalles podían frenar su progresión.
Cinco años atrás, en 2016, en Maracaibo, Venezuela, Neiker corrió por última vez 100 metros en 11 segundos, 30 centésimas. En ese evento, uno de sus entrenadores le dijo que parecía un vaquero corriendo: los antebrazos se movían hacia el pecho y hacia afuera y los pies caían sobre el aductor del dedo mínimo. Una mecánica que le daba una forma arqueada a las piernas como un vaquero.
–Yo no me creo eso –dijo Neiker.
La ciudad se preparaba para los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018 que tendría al estadio Metropolitano Roberto Meléndez como sede de la inauguración y para esa mañana del 26 de junio, la logística ocupaba la segunda recta y segunda curva de la pista entre las tribunas oriental y norte. Los Abello esperaban a Carlos Cantillo en el exterior del escenario para entrenar, y al llegar después de unos 10 minutos caminaron junto a Andrés Arroyo y Bryan Torres, dos atletas del club Corriendo por un sueño, ingresaron por el corredor que lleva al pozo del estadio y las escaleras para subir y pisar el sintético azul que bordea la cancha del estadio.
En los primeros 350 metros de la pista, el grupo de Cantillo se detuvo para acomodar sus maletines e implementos e iniciar los estiramientos para después entrenar. Pero los Abello siguieron el paso de Julieth Caballero, Emilson Álvarez, Luis Saltarín, Joan Manga, María Rocha, Lindon Aguanche y Shaddy Trujillo, atletas que entrenaban con Aymer Castillo, quien no había llegado.
–¿Neiker pa’ donde vas? preguntó Andrés Arroyo.
Brayan Barrios frunció el ceño, y se preguntó:
–¿Qué pasó?
Haciendo oídos sordos, Neiker siguió junto a Neider cerrando la hilera.
Saltarín hizo un gesto de sorpresa al ver que los Abello seguían el paso. Con incredulidad los vio llegar, ubicarse y sentarse cerca de los otros atletas del club Nueva Generación a la espera de Aymer Castillo.
Ninguno se atrevió a preguntar. Saltarín pensó:
–¿Será que los hermanos se pasaron?
Carlos Cantillo desde los 300 metros de la pista los veía con cara de sorprendido y musitó:
–¿Qué hacen allá y no vienen?
Los Abello pasaron cerca del comienzo de la segunda recta de la pista y estiraron las piernas. Neiker levantó la vista y vio el semblante serio, las cejas juntas e interpretó el gesto de Carlos Cantillo. “Fue algo incómodo para los dos. Preferimos seguir estirando, esperar a Aymer e irnos calladitos. Mi mamá fue quien habló con Carlos Cantillo y le explicó”, contó Neiker.
Naira habló con Carlos Cantillo y contó que no podía asumir el pago de la mensualidad y de otros elementos como zapatillas, que dice el entrenador, regaló a los atletas.
A Loida Romero le extrañó que los Abello cambiaron de club sin una formalización a pesar que, dice, Corriendo por un sueño es una organización de “puertas abiertas”, sin cláusulas e insiste que “ellos no pagaron ningún costo”.
Emerson, Brayan y los otros compañeros la salida del club de los Abello los pilló desprevenidos. Conocieron sus dificultades y Emerson analizó que fue “comprensible la decisión” y dijo que fue testigo de uno que otro apoyo recibieron del club.
Naira Sánchez buscó una solución para que sus hijos continuarán las prácticas. Contó al presidente de la Liga, Orlando Ibarra Echeverría, que su situación económica dependía de sus ingresos como estilista, oficio que empezó en una peluquería en la calle 72.
La administración de ese salón de belleza –cuenta Naira Sánchez– exigía compartir un porcentaje por el uso de los insumos y productos en la atención de los clientes: por cada toalla, para secar el cabello por ejemplo, los estilistas pagaron a la administración mil pesos. Bajo presión para cumplir con este tipo de porcentaje del servicio Naira reventó un día y no volvió más. Renunció en medio de un receso cuando la propietaria del salón le cobró el tinto (café) que tomaba de una cafetera del salón de belleza.
La mañana del 26 de junio en la pista del estadio Metropolitano Cantillo y los Abello sin cruzar una palabra pusieron fin a una relación. El entrenador lamentó la pérdida en especial por la puntualidad y actitud.
Aymer Castillo llegó al estadio, después de saludar a los nuevos y presentarlos, dijo:
–Quiero que sean responsables. No fallen el compromiso que tienen.


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