Los Abello, atletas y familia migrante




 Neiker Abello y Neider Abello (derecha), hermanos y atletas nacidos en Venezuela y nacionalizados en Colombia entrenan en Barranquilla.  (Foto / David Moran)  

Por Nilson Romo Mendoza 
@nilsonromom

El desgarro del isquiotibial izquierdo de Gustavo Barrios, el 16 de febrero de 2020 en una sesión de entrenamiento en el estadio de atletismo Rafael Cotes de Barranquilla, le había recordado a Neider Abello que había una promesa entre estos dos amigos y atletas. Sin competir en una pista de Colombia desde noviembre de 2019, el pacto señalaba que Abello haría la marca para representar a Colombia en el Mundial de Nairobi en los 400 metros con vallas, y Barrios prometió que si volvía a competir no se retiraría a sus 24 años. 

La pandemia por la Covid—19 fue la mayor amenaza del pacto. Gustavo Barrios intentaba levantarse de su lesión y Neider Abello esperaba que apareciera el primer campeonato para competir. El 10 de abril de 2020 en Ibagué, Tolima, Neider Abello y Gustavo Barrios regresaron para saldar la mitad del pacto.

I

13 de diciembre de 2017. Maracaibo, Venezuela. Los hermanos Neider y Neiker junto a Naimar, su hermana, la hija de esta, y Delmiro Abello, el padre, han cerrado los ojos para dejar su vivienda propia, la nevera, los enseres, las camas y un equipo de sonido en la ciudad del estado de Zulia. Se subieron con las primeras horas del alba a un caprice clásico que los llevará primero a pasar por varios municipios de Zulia y después a Maicao, la Guajira con un paso por la trocha. El destino final es Barranquilla, donde los espera Naira Sánchez, madre, esposa y ciudadana colombiana y estilista en un salón de belleza.

Los Abello van acompañados de Gabriel, un joven vecino guajiro, que acostumbra a entrar a Maicao con mercancía, entre las cuales hornos de acero inoxidable, para vender en el lado de Colombia, comprar azúcar, harina y alimentos para devolverse y vender en Venezuela.

En las maletas, los migrantes llevan las prendas personales, platos, pailas, cucharas, vasos y una licuadora. Delmiro posee la experiencia de haber trabajado como cajero de un restaurante franquicia que vende pollos asados. No renunció, pidió vacaciones y llevaba tres meses de asueto. El supervisor todavía lo está esperando. 


Neiker Abello le gusta cocinar y es el encargado de hacer el almuerzo en la semana. La familia conserva enseres que trajeron de Venezuela.  (Foto / David Moran) 

María Virginia Muñoz, madre de Naira, reunió en esos 90 días el dinero en efectivo para iniciar el viaje a Colombia. La escasez de billetes llevó al hijo y administrador de la caja del asadero de pollos antes de sus vacaciones a una estrategia: en la confidencialidad, el dinero que entraba la mitad era consignado y la otra, cambiado por efectivo. Algunos pagos eran con billetes y otros por tarjeta. Cuando tomaba dinero efectivo, Delmiro lo pagaba desde su tarjeta bancaria personal. Así canceló cajas de cervezas para reunir billetes y del dinero para el viaje desde Maracaibo hasta Maicao que presupuestó en 800 mil bolívares.   

Neider, de 15 años, es más alto que su hermano, y llora dentro del carro porque ha dejado su perro cachorro, casero, miedoso hasta con el motor de los vehículos. Se quedó el “can de circo”, dice Delmiro.

Neiker, de 17 años, cabello negro, afro abundante, le anima y lo  abraza.

—Quédate quieto porque no podíamos traer al perro. Había que vacunarlo, comprarle una jaula.

Le recuerda que también dejaron la gata minina. Neider, la había adoptado después que sus dueños los abandonaron, y aquel día le dijo a Naira:

—Mami déjame tenerla.

—¿La vas a cuidar?

—Sí mamá. Te lo prometo.

La gata empezó a parir y se multiplicaron los gatos que crecieron y se fueron, aunque volvían para comer y respetar el espacio con el perro en el patio. Naira al final asumió la responsabilidad de alimentarlos.     

Cuando estaba todo listo para dejar el país, la gata y otros tres gatos los entregaron a la vecina para que los cuidara.

Hace tres minutos rueda el caprice clásico color café, cuyo puesto trasero permite sentar a cuatro personas, y van hacia la frontera. Neider revisó y se dio cuenta que había dejado su papel de identidad lo que obligó a frenar al carro y devolverse a buscar el documento.

En Maracaibo se quedó la abuela María, la casa al cuidado de dos vecinos, los recuerdos del comienzo en el atletismo con los entrenadores Benito Pirela y Jainer Gutiérrez, responsables de sus bases deportivas en el bachillerato José Belalcázar de la Unidad Educativa Talento Deportivo.

Por la ventanilla del carro ven el mundo que pasa sin detalle, veloz con las imágenes que llegan y los manda a los inicios en una pequeña pista, cuando representaron dos veces a Zulia. Son dos niños que aprendieron a pasar vallas en seis años de entrenamiento. Neiker quiso el fútbol primero, aunque el atletismo lo conquistó. Sin “púas” (zapatillas) y soportando un entrenador que a veces lo “humillaba".

Si no tienes púas no puedes entrenar. No sabes hacer braceo. 

—Por eso estoy aquí respondió Neiker. 

Ante la exigencia de Jainer, Neiker escuchaba a sus amigos que dijeron que el atletismo permitirá adaptarse a las características del deporte individual. Neider imitó a su hermano, y no era aficionado al fútbol. Empujado por ser la competencia de Neiker entró al deporte base. Era el más flojo de los dos.

El viaje hacia Barranquilla será de 12 horas, y la resignación que los expulsó, como errantes de su país, con el costo de vida más alto de Suramérica. Delmiro manoseó la inflación, en el diario, con el vecino que vendía carnes. Un día un kilo costaba 2 mil bolívares y al siguiente 4 mil.

—Eso no vale eso.

—Yo compro en dólares.

—Que va, si tú vas es al mercado.

Delmiro tuvo que echarle la autoridad que atendió su queja. Los funcionarios llegaron primero a una panadería vecina. El de la carnicería se dio cuenta, cerró y no volvió abrir. 

Los bolívares para el cambio estaban escasos. La cita para el trámite de pasaporte en Maracaibo la pagaron y más de dos meses esperando notificación, no aguantaron y decidieron buscar la frontera. 

El carro pasó tres retenes de la guardia venezolana y en todos los militares pidieron una dádiva al comerciante a bordo. Neiker ha hecho la cuenta y es testigo de todo lo que se mueve. Y en el último retén más cerca de Colombia, a unos 2 kilómetros de la trocha, Delmiro Abello dijo:

—Ya estamos en la raya.

Los militares hacen la seña de parar el vehículo. Y uno de ellos da la orden:

—Bájense del carro.

Todos han bajado, y de inmediato el chofer empieza una especie de negociación.

Delmiro tiene más de 15 minutos esperando y se acercó para dar la cara. El conductor no convence a los militares que piden documentos entre los cuales, el permiso de la madre de Neider y Neiker para salir del país.

—Sí, ella está en otro país y nos espera en Colombia —dijo Delmiro a los militares, mientras el conductor le da la espalda.

Neiker y Neider están asustados. El conductor saca un fajo de billetes que entrega a los militares. Son 5 mil bolívares. Delmiro no se aguanta, da unos pasos y dice para que todos oigan:

—Mira cómo te ensucias.

El chofer camina hacia Delmiro, lo agarra por la cintura y hace que de media vuelta y se meta al carro:

—Vamos, vámonos.

Los militares permiten que avance el carro. Advertencia para los que viene detrás: si no llevas pasaporte te devolverán o pedirán más dinero. Los viajeros llegaron a la raya para descargar. Neiker, Neider y su hermana agarran sus maletines para caminar y pasan hacia al lado de Colombia.

Delmiro es el único que toma el camino y se presenta ante Migración Colombia con su pasaporte. Los hijos eludieron los controles oficiales y el sellamiento de los documentos.

En medio de la crisis migratoria y algunos cierres de la frontera, el cambio de dirección los lleva a una caminata que es una pasarela y desfile de madres con hijos en brazos y los “corotos” en las manos por un trayecto de menos de un kilómetro. Pisan la arena, evitan las plantas del desierto guajiro. Han caminado y han visto de lejos algunas viviendas de los indígenas Wayuu y con el paisaje de dunas, pintado por el mezquite (Prosopis juliflora), una especie de planta leguminosa. En Colombia le llaman “trupillo” y aipia en la lengua indígena Wayuunaiki, un alimento para el chivo. En Venezuela es conocido como “cují yaque”.

Maicao los espera. El miedo los acompaña después de escuchar que podían enfrentar a atracadores y guerrilleros antes de pasar a Colombia. Hay tensión en los hermanos Abello y la familia.

Solo cuando llegaron al puesto de ingreso y vieron el sello sobre el pasaporte de su papá y buscaron el camino a comprar el tiquete hacia Barranquilla. Neider y Neiker soltaron los sentimientos en Maicao. Las evocaciones de los amigos, los compañeros de infancia, todo lo que había quedado del otro lado.

—Fue como salir de una zona de confort —dice Neiker.

El reencuentro con Naira Sánchez después de cinco meses sin verla tenía 279 kilómetros de distancia. Más cerca. Los Abello habían pasado un susto a bordo del bus: un retraso debido a cinco bicicletas desarmadas que llevaba de carga un pasajero. La policía de carretera paró el bus, verificó e indagó. El viaje continuó. Las doce horas se cumplieron, el transporte climatizado azul con la silueta de un perro corriendo frenó en la Circunvalar con Murillo a unos 200 metros del puente, cerca de un centro comercial. Delmiro, sus hijos y la nieta bajaron. La familia descargó las maletas para unirse en abrazos con Naira. 

Las dacia, vehículos con carpa negra en la batea o parte trasera para llevar pasajeros sentados en dos bancas de madera por la Circunvalar y la periferia del occidente de la ciudad, aún transitaban.

 —Nos toca adaptarnos a una nueva vida —dijo Neider.

 —Acostumbrarnos. Todos nos queremos ir —agregó Neider.

Una nevera comprada por Naira, en 150 mil pesos a una inquilina del apartamento que ahora los Abello ocupaban, se sumó a los enseres traídos desde Maracaibo. Y le esperaba para beber refrescos en la sofocante Barranquilla.


Neiker, Neider y su padre Delmiro viven en el barrio Villa San Pedro etapa 3.   (Foto / David Moran) 



II

Neider y Neiker están confirmados para competir en el Campeonato Interclubes de Municipios y Clubes en Ibagué. Sus compañeros del club Nueva Generación, entrenado por Aymer Castillo, dicen que no viajarán sin ellos.
 
Cuatro días antes de la competencia, la financiación del viaje no estaba definida para tres de los siete atletas del club, ni el medio de transporte para llegar a Ibagué. Arley Barrios, asistente de entrenamiento de Aymer Castillo, y Gustavo Barrios propusieron viajar en sus vehículos.
 
Naira Sánchez se opuso y encontró la réplica en sus hijos.
 
—Mamá: tú si eres dramática.
 
—Neider y Neiker es un viaje de más de 18 horas por carretera. Cómo se les ocurre, y solo dos saben manejar.
 
Neiker defendió que en medio de la ausencia de apoyos y patrocinios había que ser recursivo:
 
—Mamá, pero es para ahorrarnos la plata. Ese dinero puede ser para alimentarnos, siempre y cuando la sede del evento sea Bogotá.
 
—No, la sede es Ibagué —aclaró Neider.
 
—Ajá. ¿Y si se van hasta allá? No me parece. Arley como vivió en Bogotá sabe conducir hacia allá. Pero Gustavo no está acostumbrado a manejar tantas horas.
 
Naira llamó por teléfono a Orlando Ibarra Echeverría, presidente de la Liga de Atletismo, y le preguntó si sabía el “invento” de los muchachos de viajar en carro.
 
Naira entendió que había cierto desespero de los siete atletas por competir y después de 14 meses sin hacerlo en medio de la pandemia por Covid—19. La presión para correr el primer campeonato nacional de pista era apremiante. Había una razón, escuchó Naira, que el último pago de apoyo del gobierno departamental de 2020 había sido autorizado en octubre del 2020, y ahora, si había buenos resultados, merecían el estímulo económico después de tres meses de 2021 sin recibirlo.
 
—Sé que quieren competir, pero eso es una locura. Es un peligro viajar así. Por una aventura pueden exponer su vida.
 
—Mami, tú si piensas lo fatal —insistió Neiker Abello.
 
—No, es por prevenir.
 
Orlando Ibarra escuchó a la madre, decidió llamar y tocar las puertas de la Federación de Atletismo. Neider por estar entre los preseleccionados de Colombia al Mundial de Atletismo para menores de 20 años desde el 2020, podía tener un apoyo al igual que otros atletas como Jhovana Camargo.
 
La Liga falló en la previsión y búsqueda de recursos y se conformó con la respuesta del Gobierno de solo apoyar campeonatos federativos y no de clubes.  
 
El club Nueva Generación organizó una rifa de una tostadora para asistir al evento. Cada atleta vendería 15 números. Luis Saltarín, uno de los 17 atletas varones inscritos por la Liga, se movió y vendió números. Al final hubo un recaudó de 600 mil pesos, indicó Naira Sánchez.
 
Gustavo Barrios, Jhovana Camargo, Shaddy Trujillo y María Rocha, compañeros de Saltarín y los Abello recibieron el respaldo de sus padres y familiares para comprar los tiquetes aéreos.

Aymer Castillo es el entrenador de Neider y Neiker desde el 26 de junio de 2018 en Barranquilla. (Foto / David Moran)


Neider y Neiker recibieron el apoyo de Aymer Castillo para comprar el tiquete aéreo, y la Federación Colombiana de Atletismo aportó para pagar el hospedaje y la alimentación, le contó Orlando Ibarra a Naira Sánchez.

El jueves 8 de abril antes del viaje a la capital de Ibagué, a los atletas le practicaron la prueba PCR, requisito para competir y la expedición del resultado no es mayor a 36 horas. Julieth Caballero, la atleta ausente en el evento y en búsqueda de su mejor forma competitiva, le recordó a Neider otra apuesta de 2020 y aplazada por la pandemia. Julieth le dijo:

 

—Si tú no haces la marca mínima (53 segundos 80 centésimas) en los 400 metros vallas, ¡al estadio no vengas más!

 

—Dale. No soy de apostar. ¿Y si la hago?

—Te doy un regalo.

Neider viajó con el agradecimiento más grande que un joven puede tener: darlo todo para alcanzar la meta. Su mamá había entregado 60 mil pesos por los 30 números que le correspondía vender para la rifa de la tostadora, y metió en el bolsillo de Neiker 100 mil pesos. Al llegar a Bogotá ese dinero se gastó en los dos pasajes de transporte terrestre desde la capital hacia Ibagué.

La situación económica en la casa de los Abello no estaba para tirar cohetes. La madre trabajando como estilista en salón de belleza y peluquería en Soledad, Atlántico, apuraba para reunir los gastos de arriendo y servicios públicos en medio de una demanda muy lenta y de consumo. La gente no estaba priorizando gastos en su presentación personal como antes de la pandemia. 

—El cliente le cuesta pagar lo que vale un corte de cabello. Antes de la pandemia me ganaba unos 500 mil pesos semanales, ahora debo explicar para que pague lo que cuesta, yo no puedo desmejorar.

 Su esposo buscaba empleo después de ser retirado de un restaurante y el cierre por un pico alto de pandemia en Barranquilla.

Si el compromiso exige a Naira la responsabilidad del pago 800 mil pesos por el pago del de arriendo de una vivienda en el barrio San Pedro II, cerca de la Cordialidad, donde nueve personas habitan, exigir para un viaje de medio millón de pesos en tiquetes, era descabellado.

 Neider al llegar al hotel tuvo que comerse la mitad de su almuerzo y cena para compartirla con Neiker.

Aymer Castillo no viajó al evento por motivos personales y llamó desde Barranquilla a Neider antes de competir el domingo 11 de abril, y le dijo:

 —Usted tiene la marca para clasificar al Mundial. Verá si la hace.

 En la serie semifinal Neider dio una muestra de su buena preparación física y paró el cronómetro en 53.79.   


Neider en la competencia en Ibagué, donde llegó de segundo y logró su marca para Nairobi 2021. 
(Video: Cortesía) 

Antes de competir, Neider meditó todo lo que había entrenado desde el 2019 para llegar a su primera oportunidad de ganarse el derecho de representar a Colombia. Fueron pensamientos optimistas, imágenes ganadoras. Una conversación interior que reforzó su agradecimiento por todas las personas que lo habían apoyado.

—Estoy aquí sin tener recursos, me pagaron los pasajes y tengo que devolverle a todos su apoyo.  

Agarró su teléfono móvil un par de horas antes de disputar la final de los 400 metros con vallas y escribió a sus padres en Barranquilla: Estoy concentrado en lo mío. Si Dios quiere lo lograré.


La carrera de Neider empezó a las 3:15 de la tarde, con un sol picante y antes de meterse a los partidores, el entrenador Michael Gutiérrez, que viajó con sus atletas del club Eureka, le aconsejó:

 

—Despega con la pierna izquierda para que pueda darte la medida para pasar las vallas.

 

Neider con gafas de sol de marco blanco, vestido de negro y azul con zapatillas blancas, lo escuchó. Tenía el corazón acelerado, la adrenalina esparciéndose por todo su cuerpo que sintió una anestesia en el pubis. Una dolencia, que tres semanas atrás le detectaron como una lesión menor en Bogotá en la concentración con la preselección Colombia, y debe amainar con rutinas de fortalecimiento muscular.

 

Volvió a meter su pierna derecha al partidor y espero la salida. Pistoletazo y…

 

¡Vamos Neideeeeer!

 

El grito rasgado de su hermano en la tribuna acompañó el disparó de la carrera. 

 

Desde el carril cuatro salió y pasó la primera valla en 16 pasos con la pierna derecha. La caída le indicó que tenía que cambiar de pierna para las siguientes cinco vallas y antes de la segunda curva. La izquierda pasó a llevar la técnica y el ritmo de carrera. El cambio de pierna lo mantuvo entre los tres primeros hasta el comienzo de los últimos 250 metros. La segunda curva marcó una distancia con Kevin Stiven Mina, de Bogotá, y en el comienzo de los últimos 100 metros y dos vallas por superar, Neider Abello se puso segundo detrás de Mina.

 

Los atletas de Atlántico sentados en la tribuna gritaban y rompían el silencio en el escenario. Otras voces se sumaron en el remate de la carrera. La última valla, Neider la pasó con la pierna derecha y a la caza de Stiven Mina. El braceo abierto y las rodillas sin llevarlas a la altura de la cadera mostraba el agotamiento de Neider que terminó segundo, siguió de largo y se frenó para mirar al cielo y esperar la sentencia del reloj.

 

Mina, de 23 años, celebró apretando los puños.

 

El entrenador Jorge Palacios, del club Fénix, Shaddy Trujillo, Neiker, Luis Saltarín y Gustavo Barrios se acercaron para felicitar a Neider, de 19 años, por su carrera.

 

—Con el cronómetro manual marcamos y creo que hiciste 52,03 —dijo Jorge Palacios.

 

La expectativa fue de la delegación a la espera del tiempo oficial de los jueces.

 

Neider seguía jadeando con sus emociones arriba y evocó aquella tarde del 26 de diciembre de 2018 cuando acompañada de Naira Sánchez junto a Neiker, aparecieron en el estadio Metropolitano. Preguntaron quién podía darle información para entrenar atletismo. El portero del estadio le dijo que volvieran en la tarde. Regresaron y observaron a los entrenadores Juan Cervantes y Carlos Cantillo. A Aymer Castillo lo vieron muy afanado, crispado mientras orientaba a un grupo de atletas paralímpicos. Carlos Cantillo los recibió para iniciar la historia con orgullo del atletismo, ahora por el Atlántico y después por Colombia.

 

Los 20 minutos pedidos por los jueces en la pista de Ibagué se cumplieron. Uno de los delegados de la Federación de Atletismo apareció con una cara pícara y le dijo a Neider:

 

—¿Cuánto me das para darte la marca?

 

—Je,je. Si yo no tengo plata.

 

—52.8 hiciste. Felicitaciones has hecho la marca.

 

—Gracias a Dios —dijo Neider para fundirse en un abrazo con su hermano.

 

Los atletas lo rodearon y le dieron palmadas y abrazos entre ellos, su buena amiga Marilin Martínez, atleta del club de Jorge Palacios, y Natalia, aspirantes a subirse al avión del Mundial Juvenil de Nairobi, África en los 100 metros con vallas.

En Barranquilla, Naira y Dalmiro lo vieron correr en casa, en San Pedro. Su madre emocionada llamó al teléfono de Neiker.

 —Pásame a Neider.

 —Es mamá —dijo Neiker y le entregó el teléfono.

 —Lo lograste hijo. Viste que eres el mejor —dijo Naira, quien se quebró en un llanto. Había brincado de emoción.

 A pesar de la felicidad, la madre seguía preocupada en Barraquilla. Le escuchó a Neider decir que Neiker seguía compartiendo con su hermano la alimentación y con otros atletas de Atlántico. Su propuesta a Neiker fue:

 —Te propongo que el tiquete de regreso a Barranquilla lo aplacemos, y con lo que entreguen de dinero lo gasten en las comidas. Yo el lunes te consigno.

 Los Abello se quedaron una semana más en Ibagué para competir por Atlántico en el Nacional de Atletismo de Mayores que se celebró también en la capital de Ibagué.

Neider con su marca ya tenía su tiquete para el Mundial de Nairobi, Kenia en agosto, debió ratificarla en el Nacional Juvenil de Barrancabermeja y después en el Suramericano de Perú.

III

Los Abello Sánchez tantearon el terreno para probar si Barranquilla era una opción de vivir al visitar a los familiares en diciembre de 2016. Fue en una navidad en el barrio Adelita de Char, en el norte de la ciudad, sector en el que vive una hermanastra e hija del padre de Naira Sánchez.

De aquel compartir escucharon hablar de las costumbres, de lugares y sabores de la ciudad.

La salida de Venezuela se había planeado en octubre de 2017, pero Naira Sánchez fue la primera en probar la migración. Ella nació en Codazzi, César y a los dos años su madre se la llevó para Machiques del Perijá en Venezuela.

 Regresó a Colombia en noviembre de 2016 procedente del estado de Zulia y toda una mujer, madre de familia y profesional. Por unos meses dejó esposo e hijos y se trajo la experiencia en manejo del impuesto público, en el sector privado y comercial aprendió funciones como cajera hasta llegar a subgerente de mercadeo y auditor de una multinacional de gaseosas por tres años, la subgerencia de una caja de cambio por 12 meses y sus cursos de estilista y maquillaje.

Naira Sánchez, madre de Neider y Neiker, trabaja en una peluquería en Soledad, Atlántico.   (Foto / David Moran)


Sus estudios de economista mostraron qué el comportamiento del producto interno bruto (PIB) de Venezuela, la dinámica petrolera y la amenaza que había con el aparato productivo de Venezuela por la política del gobierno elevaba su deseo de migrar.

Naira Sánchez se animó a regresar a Colombia y entrar por la Guajira. En su primer contacto vivió en Valledupar y trabajó en un grupo nacional de servicios fúnebres que la mantuvieron en su manera de entender la vida productiva desde el trabajo con resultados. Luego se fue a Bogotá y regresó en diciembre de 2016 a encontrarse con la familia.

 

Armó sus maletas y salió a las 6 de la mañana de Bogotá rumbo a Cúcuta. Allí se dio cuenta que solo estaban permitiendo la salida y entrada a Venezuela quienes tuvieran sellado el pasaporte de salida.

 

Esta vez en el puesto fronterizo la Guardia Venezolana tensó las exigencias a los retornados. Naira siguió el camino para ir a Villa del Rosario, Norte de Santander y llegar a San Antonio del Táchira en un bus y bajarse para atravesar el río del estado venezolano. A hombros de los “coyotes”, que pidieron 5 mil bolívares para llevarla a la otra orilla, Naira Sánchez dijo que solo tenía 4 mil bolívares.

 “Ese valor para aquel momento sí tenía valor en Venezuela. Ahora con la devaluación de la moneda, son como unos 2.000 millones”, recuerda. 

 Si la Guardia Venezolana la veía con los pantalones mojados de inmediato recibiría la orden de regresar y mantenerse en el país.

Naira pasó la frontera y volvió para encontrarse con la familia en Maracaibo y contar todo lo que vivió en Colombia.

IV

El último sábado de octubre de 2017, la familia Abello Sánchez experimentó la crisis de su país manifestada en la ausencia de ingreso y la devaluación de la moneda.

Delmiro salió a una oficina del banco a sacar dinero. No había cobrado. El saldo era cero. Tampoco había para cocinar almuerzo y cena. En promedio para garantizar la alimentación de un día son unos 5 mil bolívares. En la mesa hay 2 mil bolívares de un producido por Naira. Delmiro Abello agregó:

—El dinero no alcanza ni para un kilo de arroz. Solo un kilo de cebolla que cuesta 800 bolívares 

—Hemos tocado fondo —dijo Naira.

Ese sábado lograron preparar el almuerzo con “Guasacaca”, una preparación con cilantro, mayonesa y aguacate, con bollo (alimento a base de harina cocinado en agua hervida), que al reposarse, le agregan leche fresca y azúcar para darle el sabor a "chicha". Todos comieron y sin proteína. Ese fin de semana Naira invitó a la familia a dejar Venezuela, sin tener en cuenta que Delmiro quería quedarse.

 

Esta crónica continuará...

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