El tío inolvidable y el pasaporte en la mano




Néider Abello en un entrenamiento en el gimnasio de fuerza del estadio de Atletismo en 2021 en Barranquilla.  (Foto / David Moran) 

Por Nilson Romo Mendoza

@nilsonromom


A 19 días del nacional juvenil en Barrancabermeja, Santander, Neider Abello está inquieto.

–Estoy preocupado. En mi casa me dicen: tienes que... Ellos saben y quieren que gane: Neiker, mi mamá, Gustavo, también.

El Nacional Juvenil es el torneo más importante para Neider; estarán los mejores de su edad y Naira estimula a que su hijo haga su mejor carrera. 

—A mi mamá le dije que puedo ganar. En el 2018 fui tercero, en 2019, segundo y ahora está la promesa.

Han pasado ocho meses desde la muerte de su tío, José Rafael Carrasquero, a quien tiene presente. Neider evoca que con él hizo abdominales y 'skipping'. Este es un ejercicio de coordinación de brazos y piernas que al levantar la rodilla los brazos y codos forman ángulos de 90 grados, los pies están separados a la anchura de hombros.

El 13 de octubre de 2020, un día antes del accidente de José Rafael, este le pidió a su sobrino:

—Tienes que clasificar al Mundial y tiene que ser el regalo de mi cumpleaños.

Neider está en la pista de atletismo, finalizó la sesión vespertina, se sienta en una banca de madera en el corredor paralelo a la recta del hectómetro de la pista y dice de su tío:

–Sentí mucho no cumplirle. Me pongo metas altas qué tal vez no cumplo, pero siento que para eso estoy. 

Aymer Castillo hizo una comparación de los Abello, la resumió en dos aspectos que detectan los entrenadores con la convivencia, las horas y semanas de enseñanzas y correcciones:

–Neider tiene más talento que Neiker. Solo que el mayor de los Abello es más disciplinado. Recuerdo que en 2018 corrió 47 segundos en los 400 metros. 

–Corrí porque tenía menos… y venía lesionado –dijo Neider. 

–Tú tienes para ganar. Solo que eres terco.


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Los Abello, atletas y familia migrante 


***

José Manuel Cassiani se levantó a las 7 de la mañana, a la hora que comenzó el entrenamiento del martes 22 de junio en el estadio de atletismo. El pájaro sangre toro enjaulado trinaba en el patio, y dentro de su cuarto, los dorsales 231, 243 y 130 colgados en una esquina (recuerdo de su primera competencia de Intercolegiados) dejaron de moverse al detenerse el ventilador. Se levantó de la cama de abajo de la litera, se vistió con una sudadera y una pantaloneta, metió en el maletín negro las zapatillas, una toalla y una camisilla, agarró las llaves de la moto, partió del barrio las Colonias en Soledad y no desayunó. Pasó por la calle 56 con carrera 18 y buscó la calle Murillo. El semáforo en rojo lo detuvo a su prisa y se dio cuenta que había olvidado el casco.

—Voy y regreso rápido –dijo para continuar hacia el estadio de atletismo.

Carlos Cantillo, el entrenador de José Manuel, le había dicho el día anterior que el entrenamiento solo sería con salidas y carreras cortas.

Al llegar, estacionar la moto, entrar al estadio y caminar por el pasillo paralelo a la pista sus compañeros del club Corriendo por un Sueño sudaban como albañiles. Neider había llegado antes y hacía un precalentamiento con las indicaciones que dejó su entrenador Aymer Castillo.

Esta fue la última sesión antes del viaje a Barrancabermeja, sede del Nacional Juvenil de 2021, y dos horas después de la rutina, José Manuel ofreció a Neider llevarlo a la urbanización San Pedro. 

Los dos mostraron su optimismo para el evento. José veía una última puerta para entrar al Mundial de Nairobi, que se celebraría en Kenia, África en dos meses. Neider ya con la marca mínima solo tenía que reafirmar un primer puesto en la final de los 400 metros con vallas.

José Manuel Cassiani dice que no escuchó a ese entrenador que en la pista se paseaba y gritaba con ironía: “¿Dónde está el atleta que va para Nairobi?”.

Para este joven, que comenzaba su primer semestre de licenciatura en Educación Física, había un agobio y tensión. Si fue demasiado el trabajo vespertino y nocturno que realizaba como repartidor de comidas rápidas y postres en una bicicleta para reunir el dinero de sus estudios universitarios y la exigencia del entrenamiento con una punzada en el isquiotibial izquierdo, la marca mínima para el Mundial era otra losa. 

Dice José que Pedro Figueroa, ex atleta salvadoreño que se quedó en Barranquilla después de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, unos días antes del campeonato nacional de Mayores en Ibagué, celebrado en abril, se ofreció estirar las extremidades inferiores, y el favor le dejó una dolencia en la cara posterior de ese músculo.   

Neider aceptó la cortesía de José Manuel de llevarlo a casa en la motocicleta y sin advertir que ninguno de los dos llevaba el casco.

Sobre la NKD 127 Ex 71, de cilindro negro, transitaron por la Circunvalar. Fue un viaje tranquilo hasta que José vio por el retrovisor que dos policías en moto se acercaban. Cassiani aceleró a unos 10 metros de entrar por una de las orejas del puente de la Cordialidad.

—No vayas rápido –advirtió Neider.

—Nos persiguen unos policías –agregó José.

En la curva, la moto alcanzó una velocidad de más de 35 kilómetros y el peso e inclinación los hizo rodar sobre el asfalto como jabones en un baño. Moto y pasajeros se separaron, pero del susto se levantaron para mirar a los dos policías. La motocicleta tirada y sin apagarse aún giraban sus ruedas en el asfalto.

Los policías hicieron el ademán de anunciar una requisa a los dos atletas con cara de pánico. Cassiani con la boca seca, el corazón latiendo de golpe, la cara brillante y las pequeñas inflamaciones del acné. Neider tenía cara de gualda. 

—Nosotros no hicimos nada –dijo Neider.

—Hey, no tenemos nada –agregó José mientras un policía esculcó la cintura.

Los agentes no encontraron una prueba de su sospecha, y el arribo de las dos ambulancias con sirenas ruidosas sacaron la perspicacia de los transeúntes.

Bajaron las camillas y José ahora sí detalló su brazo, la pantorrilla y la tibia izquierda lacerada. Neider dobló el tronco para ver su rasponazo en la rodilla izquierda y una herida de 3 centímetros abierta, de la que salió un hilillo de sangre. 

Con la ayuda de los paramédicos subieron a la ambulancia. Se acomodaron los dos, se miraron y Neider le dice a José:

—No vuelvo a montar contigo en una moto.

Agarró su teléfono e hizo una llamada. Naira le respondió desde casa donde disfrutaba de su descanso permitido por la dueña de la peluquería en Soledad, donde trabaja:

–¿Qué te pasó Neyder?

–No te vayas a asustar: me caí en la moto con José. No me pasó nada mamá. 

Neider mandó a Neiker y a Naira, Orlando Ibarra y Gustavo Barrios a presentarse a una clínica en el barrio La Victoria. La madre del atleta no pudo cumplir con el servicio a una cliente que le pidió “unas mechas” o rayitos en la tarde. 

Después de cuatro horas le dieron el alta, y Naira al ver a José le preguntó:

—¿Tu mamá sabe lo que te pasó?

—No. 

—Me estás avisando que ella no sabe nada. 

—Regálame un minuto para llamarla.

Saidi Fuentes, madre de José, devolvió la llamada a Naira y sorprendida por lo que escuchó. 

—¿Cómo así? ¿Qué le pasó a José?

Naira la tranquilizó al contarle que ya estaban de vuelta. 

La enfermera que le cosió cuatro puntos en la rodilla le advirtió a Neider que no podía correr. 

—¿Qué me baje del bus? ¿Usted qué cree? Tengo que correr. Si no corro no voy al Suramericano de Perú ni al Mundial —respondió.   

Naira pudo conocer más detalles del accidente al llegar a San Pedro mientras le tinturó el cabello de amarillo a Neider.

La madre le recordó que es posesiva: 

—Yo los parí y me duele lo que le pase. Soy de saber con quién andan. 

José Manuel salió de la emergencia con la crema que le untaron en la piel y lo exhibía como un recién quemado. Tenía un ardor en la  boca del estómago, fatigado y en ayuna. Cerca del bordillo del andén identificó un vendedor con una olla metida en una bicicleta con carga ancha que, estacionada, ofrecía almuerzos a los caminantes y obreros del sector.

La tapa se levantó y José pidió una porción de arroz de pollo, revuelto con arroz de liza (pescado seco al sol), un huevo cocido, lenteja, una pechuga, más un vaso de agua de panela. Comió en un plato desechable, de pie y pagó $4.500 (más de un dólar). Luego se fue a buscar la moto en la estación de la policía en la que los agentes reportaron el suceso.

Llegó casa en la moto, y antes de empacar la maleta para el viaje a Barrancabermeja, el regaño de Saidi lo sacudió:

—Te voy a quitar esa moto. !O las vas a vender!

Al día siguiente, en el estadio de atletismo la mayoría de padres acompañaron la despedida de sus hijos. Antes de la partida de la selección Atlántico, conformada por 17 atletas, la fisioterapeuta que delegó Indeportes, Loraine Orozco, aplicó una crema en las laceraciones de José y protegió con un vendaje.

La despedida permitió ver la buena amistad entre los atletas seleccionados, los que se quedaron, el entrenador que dio positivo de Covid-19 que se resistía a bajarse del viaje, el novio que besó apasionadamente a una de las deportistas, el atleta convocado que solo le informaron allí en la puerta del estadio que la Liga de Atletismo recibió el resultado de su prueba, realizada el día anterior, e indicaba que estaba contagiado del virus.




Néider Abello y José Manuel Cassiani reciben la atención de las laceraciones tras el accidente en moto el 22 de junio del 2021.  (Foto / David Moran) 


Naira Sánchez estuvo hasta que vio salir el bus. José Manuel Cassiani no tuvo acompañante. 

—A mis hijos los cuido yo. Uno no puede descuidarse. 

En un bus climatizado salió la delegación hacia Barrancabermeja, Santander a las 9:45 de la noche.






Arriba: Neiker Abello despide a su hermano Neider en el estadio de Atletismo antes de su viaje a Barrancabermeja.

 Abajo: Naira se funde en un abrazo con su hijo la noche en que viajó a Barrancabermeja.  (Foto / David Moran) 


Atlántico ganó cuatro finales con Neider Abello en los 400 metros con vallas, y tres con las damas: Valentina Barrios, lanzamiento de jabalina; Jhovana Camargo, 400 metros planos; Melanie Bolaño en los 200 metros y un 1 y 2 con María José Flórez y Stephanie Márquez, en lanzamiento de disco.

El tiempo de Neider fue de 53 segundos 71 centésimas. No tan rápido como el 52.8 de Ibagué. Esta vez corrió sobre una pista que dicen los atletas parecía pavimento. Los clavos no se hundieron en el sintético, dicen que rebotaban y algunos terminaron con las “púas” dobladas.  

Para Neider fue una liberación ganar su primera final en un campeonato de la categoría juvenil. Los dolores por el accidente en moto no le arrebataron la actitud de ratificar su posición en el país. Llegó de primero con 53 segundos, 71 centésimas, y olvidó que había una dedicatoria. Los sentimientos, como cenizas después del fuego, se acumularon, no se expresaron en público. Solo un aire interior levantó el polvillo y con un escrito dedicado a su tío José Rafael escribió: “Tío voy a clasificar, sea la dificultad que sea. Espero que estés orgulloso de mí”. En la hoja de papel y las dos líneas estuvieron detrás del dorsal 132 que lució en el pecho para la prueba. 

El triunfo abrió la puerta a su primera selección Colombia. Intentó con su zancada y pasos de las vallas jalar al barranquillero Yeider Palomeque, en una manifestación de su compañerismo. Palomeque pasó segundo y la marca (55.37) no alcanzó para una convocatoria de la preselección.

De regreso a casa y antes del viaje a Perú, sede del Suramericano de Atletismo, Neider y Neiker Abello se presentaron a la cita asignada por la oficina de pasaportes en la Gobernación del Atlántico.

El miércoles 7 de julio llegaron a la puerta de la oficina del centro de la ciudad a las 10:35 de la mañana. Desde la urbanización San Pedro, Orlando Ibarra transportó a los hermanos.

Bajaron del vehículo de Ibarra, preguntaron por dónde entraban a la oficina de la carrera 45, y una mujer vigilante les indicó que por la entrada de la calle 40. 

Caminaron para cruzar a su derecha y encontraron una decena de personas cerca de la entrada principal de la Gobernación del Atlántico. Una mujer de cabello cenizo, de gafas preguntó a uno de los vigilantes por la entrega del pasaporte, y escuchó que no había sistema, que no los estaban entregando.

–Ellos no llaman a uno para decirle esto.

–Los que viajan con urgencia se les entregarán – respondió un funcionario en la puerta. 

–El tiquete tienes que imprimirlo Neider –dijo Neiker, muy atento y a que no volviera a perder la tarjeta de ahorro bancaria que extravió hace dos semanas. La pérdida lo llevó a prestar 26.000 pesos a su hermano, porque no había podido retirar el dinero que Indeportes le entrega por hacer parte de los deportistas apoyados.

Vestido con un suéter y una pantaloneta azul, Neider mostraba los cuatro puntos de su herida que aún no habían sanado y cerrado la piel. Debajo de su rodilla izquierda tenía aún los hilos negros de sutura que recibían el toque de sus dedo índice derecho.

Mientras esperaban el llamado de Neider, con más urgencia para el viaje hacia Lima, Perú y previsto para el 9 de julio, Neiker admitió que le costaba correr los 400 metros.

“No tengo una gran marca en esta prueba. En el Nacional Interclubes de abril ganaba hasta los 350 metros. Se mostró más la velocidad que la resistencia en el final. Y me acuerdo que Aymer Castillo me dijo que lo mío era la resistencia. Le dije que quería correrlo para ver qué tiempo. Ahora después lo he estudiado y creo que me ha ido bien”.

Neider Abello fue llamado a la oficina del funcionario de la Gobernación para la entrega del documento:

–Bueno mijo, aquí tiene su pasaporte, cuídese y que le vaya bien.

Neider salió del edificio, por la puerta de entrada al estacionamiento de autos y mostró la pequeña libreta de forro color carne e impregnada con letras doradas el escudo colombiano.

–Nunca pensé en tener el pasaporte colombiano, pero mamá me lo dijo: en 2018 compites, en 2019 ya estarás en una selección. Llegó la pandemia, se frenó todo, y ahora ya siento los colores colombianos.




Arriba: Neider Abello muestra su pasaporte que le dieron en las instalaciones de la Gobernación en Barranquilla.  (Foto / David Moran) 

 Abajo: Neiker Abelllo (con gorra negra) en la fila para el llamado y entrega de pasaporte en la Gobernación.  (Foto / David Moran) 

Uno de los moradores de la Gobernación. Un hombre con cola de caballo, plateada y caminando como el que padeció la enfermedad del polio con su consecuencia física, lo vio y lo confundió con un futbolista del Junior:

–¿Ese no es Piedrahíta? –dijo el transeúnte.

Neider no lo escuchó y detalló el documento en sus manos.

–El pasaporte es igualito al de Venezuela, solo que tiene un diseño diferente. Estoy más contento que pa’ donde. Esto lo estaba deseando. Un logro más. Tendré el primer sello de un viaje internacional de mi vida –dijo Neider. 

Neiker estaba en la fila de personas pendientes del llamado, y señaló a un venezolano, vendedor en la calle. Dice que los reconoce por los zapatos desgastados, las camisetas con botones que visten y prefieren las de equipos de béisbol con el color vinotinto o el amarillo, azul, rojo y las estrellas. Otros en su largos recorridos dan pasos con medias y en zapatos que permite ver sus tobillos y talones.

–A veces creo que no tienen más. Los venezolanos se pueden reconocer porque gastan mucho en la compra de alimentos.


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