La valentía de Valentina Barrios


Valentina Barrios Bornacelli, medallista de plata en lanzamiento de jabalina en el Mundial Sub-20 de Atletismo en Cali.  (Foto / Juan P. Vélez) 


Perfil de la colombiana y segunda mejor lanzadora de jabalina del mundo en la categoría juvenil. 

Por Nilson Romo Mendoza

@nilsonromo 

En un año Valentina Barrios Bornacelli (Barranquilla 2003), la subcampeona juvenil del mundo en lanzamiento de jabalina 2022, salió de un posible bloqueo en su carrera para entrar en la historia del atletismo colombiano.

Antes del viaje a su primer Mundial Sub—20 en Nairobi, Kenia, en agosto de 2021, la pandemia mantenía en alerta al país. Los entrenamientos eran limitados y solo las pruebas pcr podían dar el pasaporte y la orden de organizar maletas a los 15 atletas, con marcas mínimas de Colombia y concentrados Bogotá, para salir hacia territorio africano.

Valentina intentó con su tranquila personalidad pasar los controles, evitar un contagio del virus y eliminar pensamientos negativos que la bloqueara para el Mundial. Neider Abello, el segundo atleta de la Liga de Atletismo del Atlántico en la delegación, estaba confirmado para Nairobi, mientras que Melanie Bolaños, el virus la descartó.

Barrios perdía a una de sus compañeras del proceso de formación desde muy niñas en el atletismo de Barranquilla bajo el pulso de Juan Carlos Cervantes, quien además había recibido la notificación de la apertura de una investigación por supuesto maltrato y acoso por parte de otras atletas.

En mayo de 2021, además, Barrios había levantado la voz en nombre de algunos atletas de selección Atlántico a Indeportes (ente encargado de acompañar el proceso competitivo con estímulos) y su director, Armando Segovia. Los deportistas reclamaban más apoyo antes de volver a los campeonatos federativos y tras recibir escasas ayudas en medio de la pandemia en 2020.

Sus palabras y lo que se difundió por redes sociales causó que sus padres le reprocharán que apareciera encabezando esa protesta. En el reclamo de Valentina también estaba la queja por un dolor en el codo derecho, que no tenía diagnóstico y tratado a punta de hielo.

Con su primer lugar y el título en el Nacional de Barrancabermeja, más el impacto de la denuncia al entrenador Juan Carlos Cervantes, Barrios Bornacelli evitaba pararse en un precipicio.   

 “Me había planteado desde antes ir fuerte a ese mundial, hacerlo mejor. Pues he hecho todo de mi parte para buscar un lugar importante. Lo que ha pasado con mi entrenador y todo esto, me ha desenfocado. Me ha caído un poco, pero no más, no me ha distraído de mí de mi meta, que es el Mundial”, dijo Valentina por teléfono desde Bogotá y antes del viaje a Nairobi.

La atleta, campeona nacional en aquel momento, intentaba salir del estado emocional con los consejos de Neider Abello. Dice que Abello con sus oraciones a Dios la sostuvieron. “Él estuvo cerca para que la llama no se apagara, que no me afectara”.

—¿Qué tanto estás afectada?

La verdad al principio en los entrenamientos me había ido mal. No me concentraba en los lanzamientos. Algo feo. Era como si no estuviera lanzando y pensando en todo. Y dije: que esto no afectará mi carrera. Esto no afectará, pues es un campeonato tan grande y tan importante, es el Mundial U20. Me fui metiendo en mi mente y sacando esos pensamientos negativos. Fueron pensamientos distractores, pero ahora me siento mucho mejor. Podría decir que lo hice y casi superando toda esta situación. No puedo decir que voy a ganar el Mundial, pero se podría decir que voy a darlo todo y, si Dios permite, haré algo muy importante en mi prueba para Colombia.

Unos meses antes Cervantes había vaticinado que Valentina estaba para meterse entre las cinco mejores del mundo. Hablaba con mucha seguridad de sus posibilidades, de sus marcas. El carácter fuerte, imponente del entrenador ya era motivo de inquietud. Valentina se había preguntado el año pasado por qué Cervantes tenía comportamientos como el de sobreprotegerla. Antes de una grabación en el estadio de atletismo, autorizada por el presidente de la Liga de Atletismo, Orlando Ibarra y para un medio de comunicación del gobierno local, Cervantes mostró su fastidio, porque no le habían preguntado primero a él.

Esa mañana del 19 de agosto de 2021 en Colombia, tarde en Kenia, Juana Bornacelli, su madre, Ardidis Barrios, el padre, y Waldir, su hermano mayor, vieron la gesta en la señal de transmisión por Internet y ampliada en un televisor.

Valentina sorprendió a Juana antes del viaje contando que se iba a pintar el cabello de azul, como el que mostró hasta hace unos meses la cantante Karol G.

—Antes de decirme ya había comprado el tinte.

—Mamá, voy a buscar un invento para que me haga juego con el uniforme azul de Colombia.


 A Jhovana Camargo le pregunté por su mejor amiga Valentina Barrios, y la atleta, corredora de 400 metros planos, que está recuperándose de una lesión en los isquiotibiales, sonríe con emoción. Junto a Melanie Bolaños, Jhovana conoce el ascenso de Valentina. “Compartimos juntas muchas cosas. Me acuerdo que nuestros padres nos decían antes del viaje: Te quedas con Valentina, y miren que las pongan en la misma habitación. Se cuidan entre las dos.

En ese viaje de evocaciones, Jhovana Camargo precisa que comenzaron entrenando en Barranquilla, en el estadio Metropolitano, en los exteriores, en las zonas de arena de las orejas del puente en la Murillo sobre la Circunvalar, cuando el escenario deportivo estaba cerrado por obras civiles o por eventos del fútbol y no podían entrenar. La pista de arena de la cancha del Romelio Martínez fue otro lugar recordado.

 “Mis papás y mi familia estamos muy emocionados por el logro de ella. Hemos sido espectadores de todo el crecimiento que ha tenido y todo lo que ha luchado para estar ahí. Estoy muy feliz y sé que ella también está muy feliz. Estamos muy orgullosos”.

Juana Bornacelli y Ardidis Barrios vivieron como pareja en el barrio Simón Bolívar, suroriente de Barranquilla, donde llegaron de Polonuevo (municipio del centro del Atlántico) con Waldir, el hijo mayor, que tenía cinco meses.

Ardidis y Juana habían hipotecado una vivienda en Polonuevo por 4 millones de pesos y adquirieron un compromiso con el banco. Su deseo fue establecerse en Barranquilla y generar mejores ingresos, animados por la madre de Ardidis que poseía un kiosco en Simón Bolívar.

Con el ambiente festivo y el entorno del popular barrio, Ardidis y Juana alquilaron un kiosco de paredes de lata para vender sopas, almuerzos y bebidas. La acreditación de este micronegocio permitió construir una pequeña habitación interior. Cinco años después, el 2 de diciembre de 2003, nació en el Hospital Nazareth, Valentina Barrios.

La hija creció en una cuna que tenía como vista el paisaje urbano y la música de los fines de semana, los partidos de fútbol, el ruido diario del tránsito de buses de Simón Bolívar.

Las ventas crecieron y los ingresos sostuvieron el hogar que alcanzaron para su formalización con la inscripción en la Cámara de Comercio, el pago de servicios de agua, energía eléctrica y llevar a Valentina, con 6 años de edad, a clases de natación en un curso en la piscina Olímpica. 

El cierre de la Piscina Olímpica en 2009 interrumpió las brazadas de Valentina y mandó a la familia a buscar otro deporte para ocupar el tiempo de la niña. Ardidis recuerda que en Indeportes (administrador de la piscina) le dijeron que fuera al estadio de fútbol Romelio Martínez, donde podían encontrar otra disciplina para practicar en vacaciones.

En noviembre del 2021 se cumplieron 11 años de la primera clase de Valentina en el atletismo. Juana Bornachelli dice que comenzó en el atletismo con 7 años; es decir hace una década. Su marido aclaró que fue en 2010.  

Juan Carlos Cervantes, licenciado en Educación Física de la Universidad del Atlántico, recibió a Valentina de la mano de sus padres. Con ellos acordó que la llevaran una vez a la semana y, unos meses después, acudió cada tres días.   

 


La atleta de 100 vallas, Briggite Merlano, Valentina Barrios y Juana Bornacelli en el estadio Romelio Martínez en 2010.  (Cortesía/ archivo particular). 

Con el compromiso, Juana Bornacelli precisa que pagaron a Cervantes por la formación de su hija en el atletismo, cada mes, 20 mil pesos (USD 11). En la pista de arena del estadio Romelio Martínez en sus primeras carreras alcanzó a ver los entrenamientos de Briggite Merlano, corredora de 100 metros vallas de la Liga de Atletismo del Atlántico en los Olímpicos de Londres 2012 y Río de Janeiro 2016. Ella fue una inspiración.

Valentina Barrios y Jhovana Camargo empezaron a fortalecer su amistad en 2014, cuando compitieron en campeonatos nacionales infantiles. En las fotos de aquel primer nacional en Bucaramanga están uniformadas de rojo y negro, en compañía de Melanie Bolaño, mundialista en Cali 2022, Nayelis Obregón, Ronald Rangel, Juliana Hernández, Nelson Gutiérrez y Chesly Serrano.

Valentina aparece en la fotografía con 11 años de edad mostrando la flexibilidad de piernas como un compás en el suelo. Es de las más altas, y Jhovana, con el cabello trenzado, está con el grupo de pie.

 


Valentina Barrios (abajo) en un campeonato nacional de 2014 de atletismo.  (Cortesía/ archivo particular).

En la pista y el campo de Marte de ese campeonato, las dos niñas con caras tiernas desplegaban las primeras manifestaciones de su velocidad y fuerza. Juana dice que Valentina tiene el gen de la abuela: Neyla Varela Mastrodomenico. Esta mujer, la mamá de Juana, se destacó por la potencia en las carreras de sacos en Polonuevo.  

Con el quinto lugar en el mundo en lanzamiento de jabalina y sin la certeza de tener un entrenador en Colombia, sin definirse si quedarse en Bogotá, donde estuvo unos meses entrenando antes de finalizar el 2021, Valentina Barrios preparaba el terreno para irse a Estados Unidos.

Violeta Cantillo, atleta y licenciada en Idiomas, le dio clases personalizadas para cumplir uno de los requisitos para ser candidata a una beca en una universidad de Estados Unidos. Carolina Ulloa, estudiante becada en la Universidad de Washington, le había propuesto a Valentina que sus marcas en lanzamiento podían ser la llave para abrir puerta y estudiar en el país del norte.

Con la visa en mano, Barrios logró presentarse y ser becada como estudiante de Veterinaria en la universidad donde estudia Carolina Ulloa. En su estreno con el primer equipo All-American, como estudiante de primer año, logró un octavo puesto con un récord (54,03 metros) que la llevó a las finales en el NCAA T&F Championships.

Logró un subcampeonato en su primera reunión en la NCAA y  con un registro de 50,31 metros. Ganó el Fresno State Invitational en abril pasado (48,84), el WSU—UW Dual (49,80) y el Hayward Premier (50,28).

En el segundo semestre de 2022 cambió de universidad y pasó a defender a Missouri, así lo anunció a sus padres. Cuenta Juana Bornacelli que, a pesar de los resultados con la estatal de Washington no logró tener una buena empatía con la entrenadora. Esta vez dice que probará con los métodos de un entrenador.

En la tribuna del estadio Pascual Guerrero en Cali, el 3 de agosto de 2022 al ver el cuarto lanzamiento de Valentina en la final del Mundial Juvenil (57,84 metros y nuevo récord nacional), Ardidis Barrios cerró sus ojos con los ojos encharcados de la emoción y recordó el 2012. El debut de Valentina en el Nacional Infantil de Bucaramanga. En ese evento lanzó con tanta fuerza la pelota (prueba para los que comienzan en el atletismo de campo) que estableció una marca de récord para su categoría.

“Me acordé de los momentos duros y difíciles. De ese récord de Valentina en el torneo Freska Leche lanzando con nueve años. Todo esto es una experiencia preciosa que nos está regalando a Dios”.

Momentos complejos, subraya Ardidis Barrios, como el de renunciar a entregar el área del kiosco en Simón Bolívar por las obras civiles de la zona verde y adecuaciones de la vecina cancha de fútbol. La negociación por la posesión que defendieron y después negociaron para comprar un lote en el Nuevo Éxito, barrio paralelo a la Circunvalar en predios del municipio de Soledad, Atlántico.  

Valentina Barrios quemó etapas como corredora infantil y prejuvenil, siendo una quinceañera en 2019, con el nuevo estadio de atletismo Rafael Cotes en Barranquilla, también participó en competencias de saltos de longitud y triple. Compitiendo con hoy talentos de esa especialidad como Estrella Lobo, del Magdalena. Los saltos la marcaron y más en el enfrentamiento ante Caterine Ibargüen, la medallista olímpica colombiana.

La noche del 18 mayo de 2018, Juana Bornacelli estaba entre los cientos de aficionados que llenaron la tribuna del estadio Rafael Cotes y vio a Valentina nerviosa. La madre aprovechó para verla hasta antes de las 11 de la noche, la hora para presentarse al periódico El Heraldo, donde trabaja como organizadora de productos impresos hasta la madrugada.

Estar cerca de Caterine Ibargüen y con el público fascinado con los saltos de la atleta de piel ébano, paralizó a Valentina. Al día siguiente Juana le dijo:

—Pero por qué te pusiste así, Valentina. Si ya es la segunda vez que compites con ella.

—Mamá vi a Caterine muy grande.

Valentina ha dejado el pasado para empezar a escribir su historia en grande. La medalla de plata en el Mundial Sub—20 la encumbra y la impulsa a buscar los Olímpicos de París 2024 y por primera vez.

Para el Mundial de Cali, la medallista de plata admitió que no tuvo preparación. Los viajes para competir por la universidad de la capital de Estados Unidos, y solo llegar a Colombia a buscar entrenador y encontrarlo en Ángel Salcedo, de la Liga de Santander, le permitieron trazar un plan. Antes de irse para Estados Unidos entrenó con el también cubano Dionisio Quintana, pero una cirugía del entrenador los separó. 

El grito liberador, el del cuarto lanzamiento y que le dio el segundo lugar en el mundo detrás de la serbia Adriana Vilagos, medalla de oro (63,52 metros), expulsó todo lo que Valentina tenía por dentro. Lo llamó "sorpresa" al terminar la final. 

Había mucha emoción de Valentina al ver el resultado y su obra; corrió a abrazar a Salcedo, después a sus padres antes que la delegación de Colombia se la arrebatara para llevarla a los focos y luces de los medios de comunicación. 

Sin el acento barranquillero y con el vallecaucano en los labios Valentina Barrios dijo: “Se siente muy chimba como dicen acá en Cali”. Con la bandera tricolor en el cuello admitió que no hubo preparación para el Mundial. “Cuando llegué al país y empecé a entrenar con mi entrenador, Ángel Salcedo, me ayudó muchísimo a enfocar lo que venía a hacer acá”. 

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