El desprecio como aguijón

Neider Abello antes de disputar su primer Mundial Juvenil de Atletismo por Colombia enfrentó la crítica en el Suramericano de Lima y en especial la de su madre.



Neider Abello corrió su primer Suramericano Juvenil de Lima 2021, evento en el que logró una medalla de bronce.  (Video / Cortesía) 

El Suramericano en Lima activó las dolencias de Neider Abello en el tendón semimembranoso, debajo de la rótula y afectada en la caída con la motocicleta de José Cassiani. No se lo dijo a nadie. Se tragó el dolor y compitió. 

Había llegado al evento con el mejor tiempo de los tres mejores clasificados de Suramérica con 52 segundos, 80 centésimas, y seguidos por el venezolano César Andrés Parra (53.76), y el brasileño Gabriel do Santos (54.03). 

Naira Sánchez destacó a su hijo el valor de las marcas e hizo un análisis sobre sus posibilidades de una gran victoria internacional. En el Nacional Juvenil de Barrancabermeja, la progenitora identificó que ganó con solvencia, porque no hubo rival que lo presionara, que sintiera el zapateo cerca de sus tobillos.

Neider Abello reconoce haber entrado en una fase de relajación después de lograr la marca en Ibagué en abril de 2020. Él prefiere explicar que es como un adelanto a lo programado. Por eso dice que nadie la esperaba. Ni él, porque tenía otras proyecciones.

El dolor cerca de la rótula de la rodilla izquierda, donde estaban los puntos por el accidente en moto, le molestó. Llegó la final de los 400 vallas, el 10 de julio, y salió disparado por la calle 7, y se puso por delante en la primera curva y la recta de los primeros 200 metros pasando seis vallas con la pierna izquierda. Al salir del séptimo obstáculo y la segunda curva, Abello sintió los pasos del venezolano Parra, por el carril 6, y el brasileño do Santos, calle 4. La velocidad de Neider había disminuido y más al pasar la novena valla con el cambio a la pierna derecha. El brasileño y el venezolano lo superaron para llegar primero (52.33) y segundo lugar (52.84) con dos registros que los clasificó al Mundial de Atletismo sub 20. 

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Los Abello, atletas y familia migrante 



Un grito fino, como un chillido agónico, se escuchó en la casa de los Abello. Naira vio la carrera por su teléfono móvil y su emoción al tener a un hijo medallista suramericano y en el primer evento internacional por Colombia. 

El color de la medalla le costó digerirlo a Neider. Estaba molesto consigo mismo por el resultado. Retumbaba en la cabeza lo que su mamá le había subrayado que antes de la carrera era el más rápido y “favorito” por las marcas de clasificación. Y por lo que escuchó en la tribuna del estadio.

En la premiación de Valentina Barrios, campeona suramericana en lanzamiento de jabalina, Neider tenía los audífonos blancos en los oídos y apagados, sentado, apartado en la tribuna del estadio de Lima. Uno de los acompañantes de la selección habló con uno de los entrenadores sobre las otras opciones que tenían los atletas de la delegación para el próximo Mundial de Nairobi: “Quizás el de 400 vallas clasifica a la semifinal… Bueno, por el tiempo”.

Neider cuenta que ese comentario lo escuchó tan nítido, como si su capacidad estuviera en duda. De regreso a Barranquilla sentía un nudo en la garganta que solo lo desató dos días después. Volvía de un entrenamiento, el martes 13 de julio, en la noche a la casa en la urbanización San Pedro, y de una sesión exigente en la que no pasó con técnica su pierna derecha. Las vallas fueron un obstáculo y acabó ofuscado.

Entró a la casa y una hora después invitó a Naira a dialogar sentados en el mueble de tela negra al lado de la mesa de comedor sin mantel. Ella, que desconocía el comentario que hizo el acompañante de la delegación en el Suramericano sobre su hijo, le preguntó: 

–¿Qué te pasó en la final del Suramericano? ¿Te pusiste nervioso?

–Sí mami, cuando los sentí a mi lado. El cuerpo no me respondió, lo sentí como pesado y no podía. No voy a mejorar la marca.

–Los nervios te traicionaron. ¿Por qué dices que no vas a bajar de tiempo? Dime:¿cuántas veces hiciste la carrera en entrenamiento?

–Seis veces.

–¿Y por eso dices que nos vas a bajar de tiempo? Si hoy hiciste 6, mañana harás 20 o 40. Mil. Pero de que te da el tiempo, te da. Por una sola vez no me vas a decir que te quedarás. Vas a lanzar la toalla después que has avanzado tanto.

La madre veía en los ojos negros de su hijo la presión.

–Para mí serás siempre el campeón. El mejor. ¿Qué fue lo que pasó aquí? Que ibas favorito y eso fue lo que te frenó. Es lo que te tiene estresado, fallaste para ti mismo y para las personas que esperaban que ganaras. Es normal. No todas las carreras son iguales, no todas se ganan. Esto es una lección. Y tienes que ver la carrera muchas veces, otra vez para ver en qué fallaste y corregir en qué mejorar.

Neider escuchaba con la cabeza abajo.

–No voy a decir que te vas a morir ahorita cuando estando tú en mi barriga, de cinco meses, y empecé a tener hemorragias y no te me saliste. Tres hemorragias tuve y, de estas tres, sobreviviste. No te saliste. Naciste, te complicaste e ingresaste a UCI por 11 días y sobreviviste. Siempre he dicho que naciste para algo grande. Por eso estás aquí. Por algo tuviste la dicha y la bendición de estar vivo. Y estás dando todo por algo que quieres lograr. No me vas a lanzar la toalla. No te lo permitiré. 

Neider rompió en llanto. Se levantó y la abrazo. Los dos se quebraron en lágrimas. 

Lo que ocurrió en Lima, Naira lo conoció por la versión que le contó Neider a Orlando Ibarra. Al dirigente y al entrenador Aymer Castillo pidió que la ayudaran a sacar del estado anímico del atleta que estaba preparando su ida a Bogotá, donde la selección se concentró antes de ir al Mundial de Nairobi. 

Unos días después Neider le dijo a Naira con otro abrazo:

–Tienes razón ma. Gracias.

–Me vas a disculpar, pero nadie decide el futuro de otro. Eres tú el que vas a decidir. Y te toca taparle la jeta.  



Naira, madre y Neider, hijo, comparten almuerzo juntos. (Foto/ David Moran)

Dos días antes de viajar a la concentración en Bogotá y 28 días antes del Mundial de Nairobi, Neider compartió con Naira un almuerzo en Soledad, en la peluquería donde trabaja. En el fondo del local hay un patio en el secan las toallas de los clientes, y sobre una mesa blanca y dos sillas comieron cerdo a la plancha, papas fritas, arroz, carne en posta, ensalada y un vaso de sopa. El almuerzo, pedido a domicilio, lo disfrutaron soportando el aire caliente del estío, el resplandor y el ruido del motor del aire acondicionado.

Más de un cuarto de hora y entre risas pasaron al salón ambientado con olor a silicona y pintauñas. Dos mujeres recibían servicio de una manicurista y una le cortaba su cabello, mientras en la televisión veían una misa.

Neider masticaba un chicle, pidió un retoque de su cabeza pintada de amarilla a Naira y hablaron de que necesitaba 190 mil pesos para comprar unos zapatos.



      Naira es la estilista de Neider y Neiker desde su llegada a Barranquilla. (Foto/ David Moran)

–Ayer me dijiste que costaban 80 mil.

–90 mil pesos cuestan esto (se señaló los que llevaba puesto).

Neider explotaba el globo de chicle en la boca y recordó otro par por el que pagó un precio alto y no soportaron los entrenamientos en la pista.

–Deja de llorar sobre la leche derramada –dijo Naira.

–Ma, corta para atrás. No me gusta el pelo largo. Pasa la máquina.

El cabello cortado caía como retazos de estropajo en el piso de baldosas blancas y Naira cantó una alabanza.

–¿Las cejas te las parto?

 –No, primero me parto yo. Yo me tengo que superar a mí mismo en el Mundial.

–¿Cuánto apostamos si llegas a la final?

–50 mil.


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